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domingo, 16 de febrero de 2020

No siempre.....


Las mejores películas bélicas de la historia. Copia-Pega

El cine bélico mezcla muchos componentes que hacen del género uno de los más taquilleros con cada estreno. Es acción, pero también historia y efectos especiales. Muchos de los grandes directores de cine han hecho obras maestras del género y prácticamente cualquier país tiene un buen número de películas de acción que merecen la pena.
Las historias de guerra han sido llevadas a la gran pantalla en innumerables ocasiones y nos han dejado memorables películas para la posteridad.
A través del cine hemos podido ver y conocer diferentes tipos de conflictos bélicos y sus implicaciones en el devenir de la sociedad.  La maquinaria de Hollywood nunca ha dejado de producir películas bélicas que cuentan las guerras libradas por sus soldados. Tenemos ejemplos tan antiguos que se remontan a los años 40. Producciones que se centraban en el propio conflicto y las cuales se utilizaban como propaganda para animar y reforzar el sentimiento patrio de las tropas y sus familias.

Pero también tenemos muchos otros ejemplos más modernos en los cuales el foco está en el soldado como persona, en sus sentimientos y temores. Durante la historia se ha hablado mucho de que sirve como publicidad para el país, pero también las hay que son de un claro componente antibelicista.
Ante tal cantidad de superproducciones, hemos creído necesario y conveniente hacer un ranking con las mejores películas de guerra de la historia. Evidentemente, hemos dejado muchos títulos fuera de esta lista como La delgada línea Roja, El Cazador, Un puente lejano, La Lista de Schindler o Dunkerque. Pero iremos ampliando esta lista para añadir más títulos. De momento, aquí tenéis las que, a nuestro juicio, son las mejores.

Salvar al soldado Ryan

Salvar al Soldado Ryan es una película de guerra estadounidense dirigida por Steven Spielberg en 1998 que fue galardonada con el Oscar al mejor director, fotografía, guión, montaje y efectos de sonido.
Casi 20 años más tarde de ser entrenada Salvar al Soldado Ryan es considerada casi por unanimidad como la mejor película bélica de todos los tiempos. El realismo con el que Steven Spielberg relata la invasión de Normandía ha sido alabado por historiadores y críticos.
Salvar al soldado Ryan supone la tercera incursión del realizador Steven Spielberg, uno de los directores más populares del cine de Hollywood, sobre los desastres causados por esta guerra. Tom Hanks interpreta al capitán Miller el cual recibe la orden de salvar la vida a un joven soldado James Francis Ryan (Matt Damon), quien ha perdido a todos sus hermanos en el conflicto.

Platoon

Platoon es otra de las mejores películas de guerra gracias a su fiel reflejo de la crudeza con la que los soldados de los Estados Unidos de América vivieron la guerra de Vietnam.
Hermanos de sangreOliver Stone aúna su propia experiencia personal como soldado en la guerra de Vietnam, sus dotes de guionista y su innegable talento visual para rodar su mejor película de una manera brillante y magistral.
Esta película bélica narra a través de los ojos de Chris Taylor, un soldado novato, la crueldad de una contienda bélica sin sentido. El joven e inexperto soldado será consciente de que forma parte de un ejército invasor en una guerra de desgaste y donde la vida del soldado vale poco.
Platoon fue galardonada con cuatro premios Óscar a la mejor película, mejor director, mejor montaje y mejor sonido. 

La chaqueta metálica

La chaqueta Metálica es una película estadounidense de 1987 dirigida por Stanley Kubrick y protagonizada por Matthew Modine.
Una vez más, la guerra de Vietnam es la protagonista de un relato en la que un marine de Estados Unidos observa los efectos deshumanizantes que la guerra ha creado sobre sus reclutas.
La primera mitad de la película se centra en la formación de un escuadrón de marines en Parish Island, centro habitual de entrenamiento de la marina norteamericana. Allí se encuentra el duro y cruel sargento mayor de artillería Hartmann (R. Lee Ermey), quien aplica sus estrictos métodos y sus implacables prácticas a los novatos para convertirlos en soldados fuertes y suficientemente preparados para combatir. La segunda parte muestra uno de esos reclutas, James T. Davis, apodado ‘Bufón’ (Matthew Modine), quien se ha convertido en cabo y ahora es corresponsal de guerra para el periódico militar ‘Barras y Estrellas‘, durante la batalla culminante de la ofensiva Tet de 1968 en Hue, Vietnam.
Cómo anécdota comentar que R. Lee Ermey, era en realidad un oficial de los marines que se había prestado como asesor del director. Pidió que le hicieran la audición para el papel, y aunque Kubrick no estaba muy convencido, se lo permitió. El resultado fue excelente: Los actores que interpretaban a los reclutas se ponían tan nerviosos con los gritos y aspavientos de Ermey que a veces hasta olvidaban sus frases. El asombro y el miedo que aparece en los rostros de los reclutas es real. Ermey comentaba años después del estreno que, aunque coincide de vez en cuando por Hollywood con los actores del film, ninguno de ellos le ha vuelto a dirigir la palabra.

Cartas desde Iwo Jima

Rodada íntegramente en japonés, la película ofrece la versión nipona de la batalla de Iwo Jima, el episodio más cruento de la guerra del Pacífico en el que murieron más de 20.000 japoneses y 7.000 estadounidenses.
El objetivo de la batalla para los japoneses era conservar un islote insignificante, pero de gran valor estratégico. Desde allí defendían la integridad de su territorio. Sin más defensa que la pura voluntad y las rocas volcánicas de la propia isla, la táctica sin precedentes del General Kuribayashi transformó lo que se preveía como una derrota rápida y sangrienta en casi 40 días de combate heroico e ingenioso.
La versión japonesa muestra cómo el general Tadamichi Kuribayashi (Ken Watanabe) organizó la resistencia a través de un sistema de túneles. Décadas después, varios cientos de cartas son desenterradas del suelo de esa inhóspita isla. Las cartas ponen cara y voz a los hombres que allí lucharon, así como al extraordinario general que los dirigió.
El mismo año, Eastwood dirigió también "Banderas de nuestros padres", que narra la misma batalla desde el punto de vista norteamericano.

Enemigo a las puertas

Aunque la mayor parte de las películas bélicas de la II Guerra Mundial suelen relatar el conflicto desde el punto de vista de los estadounidenses y los británicos, no hemos de olvidar el papel fundamental de URSS en el conflicto.
Enemigo a las puertas se ha convertido en una especie de clásico del cine bélico. Este film retrata la batalla de Stalingrado, pero no solo desde las trincheras sino desde los nidos de los francotiradores.


La película traza dicho conflicto como un legendario duelo entre un aristocrático soldado alemán, el mayor Kónig y el joven soldado ruso, Vassili Záitsev, un fracontirador que sobrevivió a esa lucha y cuyas memorias pueden leerse (sin adornos) en el libro Notas de un Francotirador en Stalingrado.
Con un presupuesto de 90 millones de dólares y un reparto de lujo formado por Jude Law, Rachel Weisz, Ron Perlman, Ed Harris y Joseph Fiennes, Enemigo a las Puertas es una de las películas Europeas más caras de todos los tiempos.

El puente sobre el río Kwai

David Lean dirigió a Alec Guinness y William Holden en la adaptación de la novela homónima de Pierre Boulle que recoge la construcción de un puente de ferrocarril en Birmania durante la Segunda Guerra Mundial.
El puente sobre el río Kwai logró casi pleno en los Oscar, estando nominada a 8 premios y ganando 7. Ambientada en 1942 el Puente sobre el río Kwai narra las vicisitudes de un batallón británico prisionero por los japoneses, que se ve obligado a levantar un puente para que pueda pasar la línea del ferrocarril.
Los japoneses, que controlan la zona, ordenan a sus prisioneros británicos y estadounidenses a trabajar en la construcción, clave para el transporte de suministros del Ejército nipón. Los prisioneros levantan el puente con orgullo, pero el objetivo final no puede ser otro que volarlo por los aires.
El puente sobre el río Kwai es una de las películas bélicas por excelencia y su influencia en el cine de guerra y aventuras ha sido enorme.

En tierra hostil

Una de las mejores películas bélicas de toda la historia, dirigida por Kathryn Bigelow, en la que muestra el lado menos amable de la ocupación norteamericana en el país de Oriente Medio.
Jeremy Renner, Anthony Mackie, Brian Geraghty, Guy Pearcey Ralph Fiennes son las principales estrellas de En tierra hostil.
En Irak, una unidad de élite de artificieros norteamericanos actúa en una caótica ciudad donde cualquier persona puede ser un enemigo y cualquier objeto, una bomba. El jefe del grupo, el sargento Thompson, muere en el transcurso de una misión y es sustituido por el impredecible y temerario sargento William James (Jeremy Renner). Cuando falta poco para que la brigada sea relevada, el imprudente comportamiento de James hará que dos de sus subordinados, se planteen seriamente el riesgo que corren.
Galardonada con importantes premios cinematográficos, entre ellos el Óscar a la mejor película (9 nominaciones y 6 Oscar en 2009, además de 6 premios BAFTA).

Apocalipsis Now

apocalipsis now¿Quién no conoce esta película? Junto a El Padrino, es la obra más conocida de Francis Ford Coppola y una de las películas con el rodaje más controvertido de la historia. Pero, a veces, el caos genera obras maestras. Como ejemplo de lo que se sufrió durante el rodaje, Marlon Brando estaba excesivamente obeso y tuvieron que ocultarle entre sombras y usar planos extraños para sacarle en la película, lo que dio mayor misterio al personaje.
“Me gusta el olor a napalm por la mañana” es la frase más conocida de esta adaptación de El corazón de las tinieblas que muestra su particular recreación de la guerra de Vietnam desde el punto de vista de la desesperación y la incomprensión hacia el conflicto.
Obra maestra del cine con distintas versiones, es una película larga, con altibajos y momento históricos en el séptimo arte.

Senderos de gloria

Stanley Kubrick rodó en 1957 una de las películas más antibelicistas de la historia. Situada en la I Guerra Mundial, narra la desobediencia de un grupo de soldados que se niegan a salir de la trinchera al estar seguro de que les espera la muerte en cuanto se expongan al enemigo. A partir de ese momento, se cuentan los procesos penales que sufren esos soldados.
senderos de gloria
Tanto Kubrick como Kirk Douglas fueron dos personas muy comprometidas con algunas causas y claramente antibelicistas. Kubrick recreó posteriormente la crudeza de los servicios militares en La chaqueta Metálica y Douglas repitió con él en Espartaco.
Quizá es una de las películas bélicas que tiene menos violencia y acción, pero aun así atrapa a cualquiera que se siente a verla por la grandeza que hay en sus imágenes y una trama llena de inteligencia y humanidad.

1917

1917Son muchos los críticos que consideran que la película 1917 es una obra maestra del cine. Y lo es por su gran realización y puesta en escena: Sam Mendes ha apostado por un lenguaje propio en el que apenas hay cortes, consiguiendo un resultado de lo más inmersivo que consigue que el espectador se meta de lleno en el barro de las trincheras.
La trama nos traslada hasta la Primera Guerra Mundial, donde dos soldados británicos, Schofield y Blake, tienen que cumplir con una misión que parece imposible: aventurarse en terreno enemigo para entregar un mensaje lo más rápido posible. Si no tienen éxito, cientos de soldados morirán bajo un mortífero ataque.


Fuente Original

miércoles, 12 de febrero de 2020

Una frase cada día....

Ya ha terminado su examen.... pero ha de esperar hasta las y media...... :(....

lunes, 10 de febrero de 2020

Una frase cada día....

Ya lo pone el manual...oficialmente ya estamos jodidos....

Mi padre pronto olvidará quién soy. Copia-Pega

Mi padre pronto olvidará quién soy. Así está cambiando nuestra relación

Nunca seré un hijo perfecto. Tampoco un padre perfecto. Eso ya no importa. Lo que más importa ahora es estar presente.
Me imagino a mi padre de pie en un pasillo largo. Sus recuerdos son las bombillas del techo. Las que tiene más cerca ya se han fundido. Las que tiene más lejos aún ofrecen algo de luz y calidez. Pero pronto se fundirán. Y, entonces, estará a oscuras. Así me va a olvidar.
La edad le ha pasado factura. Su piel, antes de color miel oscura, ha perdido su lustre y su vigor. Pasa menos tiempo en el parque, humillando a hombres musculosos y jóvenes elásticos con sus habilidades baloncestísticas (y su insistencia en vestir como si fuera a una expedición en el Ártico, independientemente del tiempo que haga). Sus hombros, antes lo bastante anchos como para cargar con la historia de nuestra familia, ahora están hundidos por cargas que ya no sabe ni describir. Su nariz sigue siendo tan típicamente armenia como siempre, pero sus ojos parecen ahora dos lagos lechosos. Ya no sé leer más allá de su superficie turbia y no soy capaz de comprender la confusión que tiene lugar en sus profundidades.
La furia de mi padre, que de niño me resultaba tan impresionante como terrorífica, ahora se ha atenuado. Impresionante cuando la descargaba contra los políticos que aireaban su discurso del odio en la televisión o cuando un adulto hacía alguna estupidez en la carretera. Terrorífico cuando era yo el que cometía una estupidez. No sé si era por su voz estruendosa o por sus puños, que dejaban grietas en la puerta de mi dormitorio. En la actualidad, casi siempre se traga su propia rabia diluida, por ejemplo, cuando no consigue atarse los zapatos o cuando se traba en cualquiera de los tres idiomas que antes manejaba con soltura.
“Ahora, casi siempre se traga su propia rabia diluida, como cuando no consigue atarse los zapatos o se traba en cualquiera de los tres idiomas que antes manejaba con soltura.”
Mi padre es un planeta en extinción y yo soy su luna, un testigo impotente de su destino. No puedo salir de la órbita. No soy capaz de dejar de escribir sobre la demencia con la que vive.
Olvida muchísimas cosas. Se olvida de ponerle la correa al perro cuando se van a dar su paseo matutino por el barrio. A veces no recuerda el camino de vuelta. Se olvida de poner a hervir el café cuando se prepara uno. O se olvida de que se acaba de tomar un café frío y se prepara otro. Se le olvida echarse leche a los cereales o viceversa. Se le olvida ducharse. Se olvida de mi edad, de mi cumpleaños y de que he pasado los últimos diez años trabajando con jóvenes y escribiendo.
Eso sí, nunca jamás se olvida de llamar capullo a Boris Johnson cuando lo ve por la tele.
Mi hermano y yo al principio quitábamos importancia a su enfermedad y sus síntomas. Éramos dos jóvenes que se querían mostrar despreocupados para no tener que afrontar la mortalidad de su padre. Han pasado ya casi diez años. Casi una década de desconcierto, paciencia silenciosa, horror, y risas descontroladas. Porque ver a mi padre tratando de salir del coche todavía con el cinturón de seguridad abrochado y agitándose como una carpa gigante es gracioso de narices.
Además de la tristeza y estas risas paliativas, he pasado incontables horas reflexionando.
He pensando en mis cualidades como hijo. Fui un cabroncete de joven y causé mucho estrés y vergüenza a mis padres: castigos y suspensiones en el colegio, drogas y peleas solo porque eso es lo que pensaba que hacían los hombres. He intentado enmendarme de adulto, pero ¿he sido suficientemente bueno? ¿He estado presente para él?
También he pensado en sus cualidades como padre. Después de veintitantos años esperando a que dejara de pasar hora tras hora apostando, por fin ha llegado el día. Ha olvidado cómo se hacían las apuestas. No es nada agradable. Me viene un regusto amargo al final de la garganta cuando me dice que no quiere que apostar sea parte de su día a día.
Por cada tarde feliz que pasamos en el parque o frente a la televisión animando a nuestro querido Manchester United había otras tantas tardes perdidas en las casas de apuestas. Cómo odiaba esas salas llenas de humo y luces fluorescentes que iluminaban hasta el último rincón con su brillo desagradable.
Estaba con nosotros en cuerpo, pero no en alma, con la mente pensando en probabilidades remotas, resultados y apuestas seguras. ¿Es posible estar presente cuando tu mente está en otra parte?
Ver películas juntos en nuestro estrecho salón era el remedio perfecto para su ausencia mental. Mi padre se tomaba en silencio su lata de Budweiser mientras la historia se desarrollaba ante nuestros ojos y nuestro gato Marley se estiraba bajo el calentador eléctrico.
Las películas que veíamos eran los recursos de enseñanza que empleaba mi padre para darme las lecciones de masculinidad que a él le habían dado décadas atrás. Aptitud física, poderío y fuerza. Como Wesley Snipes en Pasajero 57 y Arnold Schwarzenegger en Depredador.
La trilogía de Karate Kid era mi favorita con diferencia. ¿A quién no le puede gustar ver cuando Daniel LaRusso le hace la patada de la grulla a ese abusón rubio de ojos azules? ¿O al señor Miyagi derrotando a John Kreese sin lanzar ni un solo golpe y burlándose de él usando su nariz como un claxon?
Si conoces las películas, coincidirás en que la original es una obra maestra del cine y que la tercera solo el protagonista la considera buena. Sin embargo, la escena más importante y mejor rodada de la trilogía está a mitad de la segunda película. Me impactó en el pecho como un puño de Kobra Kai.
En esa escena, Daniel se reúne con el señor Miyagi en una playa de Okinawa, para consolar a su mentor tras la muerte de su padre. Daniel reflexiona sobre cómo afrontó la muerte de su padre, cómo se cuestionó si había sido un buen hijo y cómo al final, simplemente estando presente, sosteniendo la mano de su padre y diciéndole adiós fue suficiente. El señor Miyagi se queda mirando el océano, estoico al principio, pero a medida que oye las palabras de Daniel, sus ojos se anegan de lágrimas. La escena termina con Daniel rodeando con un brazo a su mentor, un momento tierno en el que se invierte la dinámica maestro-alumno.
“Fui un cabroncete de joven y causé mucho estrés y vergüenza a mis padres. He intentado enmendarme de adulto, pero ¿he sido suficientemente bueno?”
Pese a que apenas tenía la edad suficiente para ir andando hasta la tienda de la esquina para comprar chucherías, ya era un firme defensor de la idea de que los hombres no lloran. Evidentemente, aprendí esa estupidez de mi padre. También me perseguía un miedo obsesivo por la muerte. Me asustaba morir y estaba obsesionado con la idea de que mis padres también morirían algún día. Esa escena fue superior a mis fuerzas. Mis héroes en pantalla habían perdido a sus padres. Y yo también acabaría perdiendo al mío.
Recurrí a mi repertorio de trucos para no llorar. Me mordí el interior de las mejillas. Me clavé las uñas en las palmas. Reproduje el famoso gol de Eric Cantona contra el Arsenal en mi mente. Nada funcionó. Busqué a mi padre con la mirada en busca de un ejemplo de hombría y me lo encontré secándose las lágrimas de las mejillas. Durante un instante valiosísimo, acepté la tristeza que sentía sin avergonzarme.
Un día, reflexionando seriamente sobre la realidad de perder a mi padre e incapaz de encontrar la paz, volví a ver esa escena de la playa en YouTube.
Daniel tenía razón. Nunca seré un hijo perfecto. Tampoco un padre perfecto. Eso ya no importa. En el castillo decadente que es la mente de mi padre, el pasado ha quedado en ruinas. Lo que más importa ahora es estar presente: le ayudaré cuando me necesite para ponerle la correa al perro antes de dar un paseo y le pondré a hervir el café cuando no esté. Le recordaré que se eche leche en los cereales y que se duche antes de desayunar. Cada vez que me lo pregunte, le explicaré con paciencia que tengo 33 años y que ser profesor y escritor ya me aporta el dinero necesario para pagarme el alquiler. Sonreiré cuando se sorprenda con orgullo por ello.
Por la noche le preguntaré si le apetece ver una película conmigo. 

Este post fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

Fuente original: www.huffingtonpost.es

viernes, 7 de febrero de 2020

Una frase cada día....

...lo conseguiremos juntos... tú cumple tu parte que yo cumpliré con la mía....

martes, 4 de febrero de 2020

4 de febrero de 2004

16 años en algo que iba para 10.. ;)... bueno... los cambios son buenos y los no cambios también ;).... Feliz aniversario Misionero... y un saludo desde áfrica

lunes, 3 de febrero de 2020

el 02-02-2020 es capicúa

Pasarán más de 1000 años hasta que podamos repetir.

03-03-3030.

Somos afortunados....

miércoles, 29 de enero de 2020

No es la cuestion de Koby, es lo que pasa cuando alguien muere y lo echamos de menos.....

No dejes cosas pendientes con tus seres queridos.... como bien dice el señor O'Neal....


martes, 28 de enero de 2020

Una frase cada día

Yo estuve allí.....

domingo, 26 de enero de 2020

La sociedad hoy en día.....


En plan broma, pero qué peligro tiene la dependencia de las APP

No debemos tomar a broma como la gente va siendo cada vez más dependiente de las APP


Sonrie siempre.....


El principio no es muy distinto del final.....


En plan broma, pero asusta....No tengo redes sociales

Un poco de humor para una crítica de una sociedad dependiente de internet para relacionarse....


Se agradecido


viernes, 24 de enero de 2020

Una frase cada día

Yo no busco, yo encuentro

miércoles, 22 de enero de 2020

Una frase cada día

¿cómo hago para poder levantarme cada mañana?

Una frase cada día

Pues ahora que soy B1 en inglés no me siento muy diferente...

jueves, 16 de enero de 2020

Una frase cada día

Pues como tú dices, estás exento de cariño....