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jueves, 6 de agosto de 2009

¿benevolencia?, no gracias

Hay días como el de hoy, que te da vergüenza admitir que ha sido de los tremendamente desaprovechados.
Valorando el tiempo que tenemos para vivir aquí, se me hace cuesta arriba regalarme tan baldío resultado.

Los minutos han ido avanzando, desde primera hora,desde que sonó el despertador todo se debatía entre el hacerlo o mirar para la nada.
Transcurría todo con este lento caminar, como si estuviera observando, desde fuera, la vida de otra persona.

Todo nace de no dormir lo suficiente, de dormir mal, incluso de no descansar debidamente. Yo lo sé, y a pesar de ello, el mismo conocimiento que me hace tan poderoso, arremete contra mi mismo, y logra provocar mi mayor debilidad.

Ese cansancio continuo, esa sensación de dejadez, de que nada importa, que qué más da. Me aborrece este estado de ánimo, me impide hacer cosas, me impide producir, me hace cobarde, me hace menor, me hace corruptible.

En innumerables ocasiones me he enfrentado a este hastío, no prevalece siempre la derrota, pero no sabría contar en cuántas ocasiones el sueño me ha dominado, o más bien, no el sueño, sino la desgana, y ante ello corro a esconderme en morfeo.

Como hoy. Como en otras ulteriores ocasiones, me despierto somnoliento, y más cansado, y derrotado. He dormido, pero mal, me he posicionado horizontalmente pero no ha servido de nada. Horas de mi vida, que se han escapado inútilmente.

Tal vez estoy siendo muy duro conmigo. Tal vez debería pensar en que mañana será otro día.

Pero, admitámoslo, la benevolencia, no es precisamente mi especialidad.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Un descanso entre uno y el siguiente momento...

Un extremo es un extremo, tal vez no se note, tal vez se pierda uno en la hilera del camino que sigue, es indudable que somos lo que somos, y eso, algún día, si lo pensamos, no podremos estar más de acuerdo en que sin ello, no podríamos decir lo que queremos, saborear esos pequeños instantes de placer, al final, cuando llegamos, no nos damos cuenta, ni percibimos si quiera, aquella sensación que un principio dejamos de lado creyendo que tendríamos tiempo de sobra para pensar en ella.