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Oscuro, es el camino que tienen que recorrer los individuos con mentes ajenas.
Quisiera que estas mentes, vieran en "Mentes Ajenas", una parada en ese camino,
un alto, donde poder apaciguar la sensación de soledad, la sensación de no poder
compartir con la gente sus ideas, sus temores, sus ideales, por ser tachados de "raros,
locos, o cosas peores". Bienvenidos, una mente ajena os saluda.
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martes, 31 de julio de 2018
Un recordatorio antiguo. "Xavier Alcalá"
El mar de la vida
Te di calor y más amor del que tenía
Fuiste risa, fuiste llanto,
Fuiste sufrir y alegría
Y ahora te vas, ingrata,
Con un adiós de cortesía
Dejando en mi arena
una llameante herida....
jueves, 27 de septiembre de 2012
domingo, 24 de abril de 2011
Copia y pega: Olvidar lo inolvidable de Daniel Martín.
En el cuento “El inmortal”, de “El Aleph”, un tribuno romano que busca la Ciudad de los Inmortales encuentra a un troglodita que gruñe en vez de hablar y come serpientes. Como le sigue a todas partes, nuestro protagonista le bautiza con el nombre del perro de Ulises. El salvaje parece no entender nada, pero un día, de pronto, recuerda: “Argos, como el can de la Odisea”. Cuando el romano le pregunta si conoce tan magna epopeya, responde que vagamente, pues hace mil cien años que la compuso.
Valga el ejemplo como muestra del genio de Jorge Luis Borges, al que se conmemora por el 25 aniversario de su muerte –al argentino le habría gustado más el 33–. Virtuoso en varios idiomas, en español tan preciso como Alfonso Reyes o Miguel de Unamuno, de ingente cultura universal, incansable jugador de palabras, lecturas y lectores, siempre a medio camino de la fabulación, el ensayo y la burla, el maestro argentino escribió divertimentos donde se mezclan realidad y ficción, se moldea el tiempo como máximo enigma y, en definitiva, se crean innumerables odas impropias y augustas de meta-lenguaje, de meta-literatura, incluso de meta-metafísica, valga el absurdo.
Junto a los misterios de la existencia y el infinito espaciotemporal, el tema central en los universos borgianos es el de la memoria, siempre relacionada con los otros dos abismos. En Borges nada es inolvidable porque todo es susceptible de ser recordado después de olvidado. El juego borgiano nunca termina; por eso rara vez se recuerdan sus escritos con detalle y su relectura siempre acarrea sorpresas.
Irónicamente, o no, Borges apenas aparece en nuestros libros de texto. Su obsesión por lo espiritual, por lo eterno y lo infinito, lo convierten en terriblemente incómodo para cualquier ideología o postura. Aparte, tan erudito, quizás resulta inaccesible para las nuevas generaciones o simplemente trasnochado. De este “Año Borges” quizás nazcan dos o tres nuevos admiradores. Pero, malos tiempos para la lírica, va camino del olvido. Me pregunto qué habría escrito si hubiese sabido que su destino era el de no tener lectores, tan pronto. La capacidad para olvidar de los mortales del siglo XXI es infinita, mucho mayor que la del inmortal Homero que imaginó el paradójicamente eterno y a la vez contingente Jorge Luis Borges.
Enlace original del texto. Olvidar lo olvidable
Periódico digital La república
y como siempre digo, ¿y tú qué opinas?.
viernes, 22 de abril de 2011
Copiar-Pegar: Frida Kahlo.
“Mi cuerpo es un marasmo. No puedo escapar de él. Como un animal que siente la muerte, siento que la mía se instala en mi vida con tanta fuerza que me priva de cualquier posibilidad de lucha. No me creen, porque me han visto luchar tanto. Mi cuerpo me abandonará a mí, que siempre he sido su presa. Sé que nos vamos a aniquilar mutuamente, así que la lucha no tendrá vencedor. Vana y permanente ilusión creer que el pensamiento, porque está intacto, puede liberarse de esa otra materia hecha carne”.
“Ironía del destino, me gustaría tener aún la capacidad de debatirme, de dar patadas a ese olor, a todos esos medicamentos, a mis pensamientos en desorden. A las estrellas. Las noches con largas. Cada minuto me asusta y me duele todo el cuerpo, todo. Y los demás se preocupan por mí, preocupación que me gustaría evitarles. El alba siempre está demasiado lejos. Ya no sé si la deseo o si lo que quiero es hundirme más profundamente en la noche. Sí, quizá sí, mejor acabar”.
“La vida es cruel encarnizándose de este modo conmigo. Debería de haber distribuido mejor sus cartas. Tuve demasiado mal juego. Un tarot negro en el cuerpo”.
Frida Kahlo.
sábado, 4 de septiembre de 2010
Realmente cuesta
Bueno. Lo dicho. Piensen en ello.
---------------------ENGLISH VERSION---------------------
A few days ago talking about it. The power, the reality that we stand on so many occasions. What do we want?, Do you really want?. Waves in our brain, which necessarily must go outside, and when they leave, I will be broadcast on one frequency, and how many receivers out there that frequency?. Law of Attraction , so with her I feel what I do and she know that my frequency is correct.
Well. I said. Think about it.
sábado, 26 de junio de 2010
Copiar-Pegar. LA CONSTRUCCIÓN DEL AMOR Isabel Menéndez
Un saludo desde áfrica.
Isabel Menéndez:“Cuanto mejor nos conozcamos
a nosotros mismos, mejor podremos amar”
Felicidad y tristeza, pasión y odio, el amor provoca los placeres más intensos, pero también protagoniza las contradicciones más grandes. Este gran enigma que desde el principio de nuestras vidas tiene un papel fundamental en cada individuo, es prácticamente un desconocido. ¿Qué sabemos del amor? ¿Cómo se construye? ¿Es posible alcanzar un equilibrio cuando el amor está por medio? La psicóloga y psicoanalista madrileña Isabel Menéndez responde a esta y a otras incógnitas sobre el equilibrio amoroso en su nuevo libro, La construcción del amor (Espasa), sobre el que ha charlado con ESTRELLA DIGITAL. “Este libro es un canto a la vida y al amor, teniendo siempre en cuenta que el amor va a veces acompañado de elementos dolorosos”.
¿Qué van a encontrar los lectores que se adentren en La construcción del amor?
Yo quería hablar sobre el amor de una manera diferente, desde la perspectiva del psicoanálisis, un campo al que me llevo dedicando 30 años. Casi todo lo que sufrimos en la vida, de una manera u otra, tiene que ver con el amor, y en el libro he intentado explicar que el amor no es algo natural, sino un proceso psicológico que aprendemos en la infancia. Es un libro muy ambicioso, porque toca el tema fundamental de nuestra vida de una manera reflexiva y tratando de responder a la pregunta de cómo lo construimos.
Es decir, el amor es fruto de un proceso de aprendizaje.
Así es. Según lo que hayamos aprendido, las identificaciones creadas con nuestros progenitores y la manera en que hayamos creado nuestro universo de deseo, así amaremos en la edad adulta. En ocasiones, no podemos amar o elegimos mal a la pareja. La infancia determina cómo serán nuestras relaciones amorosas en la edad adulta. El amor tiene dos componentes: una parte nuestra y una desconocida y en esta obra explico que si no funciona el amor se puede reconstruir.
Entonces, ¿hay una receta para la construcción del amor?
Eso es lo que intenta abordar este libro. Hay que reflexionar mucho sobre él, dedicarle tiempo, espacio y palabras. Por mucho que reflexionamos sobre el amor, yo, que llevo muchos años tocando el tema, puedo decir que siempre quedan enigmas sobre él. Por eso, me gusta decir que el libro es una aproximación a un tema que sigue dando para mucho. Además, últimamente nos quejamos mucho del amor y no le dedicamos el tiempo que necesita. La receta, si existiera, pasaría por el conocimiento de uno mismo y por la dedicación y el empeño.
En su experiencia como psicóloga y psicoanalista, ¿muchos pacientes acuden a terapia por problemas amorosos?
Directamente, no. Vienen por depresiones, fobias, ansiedad…diversos síntomas que impiden a una persona desarrollar su vida con naturalidad. Sin embargo, detrás de esos síntomas lo que hay son relaciones frustradas, quejas por no ser querido, miedo a ser abandonado, etc. El psicoanálisis me ha hecho entender al ser humano desde el inconsciente, que es lo que nos determina y rige las conductas que nos suceden a diario y que no entendemos. Sufrimos, precisamente, porque no todo pasa por la conciencia, porque no todo se puede dominar. Y es en el terreno del amor donde somos más vulnerables: sabemos que amamos pero no las razones exactas; son deseos que nos dirigen hacia uno y no hacia otro, y esos son deseos inconscientes.
Usted habla en su libro del ‘armario emocional’ que todos tenemos. ¿En qué consiste?
Es una metáfora de nuestro psiquismo, de lo que hay en el inconsciente. Ahí guardamos amores y desamores, rivalidades y celos, deseos y fantasías… Cuando todo va bien, no solemos preguntarnos nada, pero cuando hay problemas y sufrimos por amor, nos empezamos a cuestionar, nos colocamos el traje de la angustia o el vestido de la tristeza. Con todo esto quiero decir que podemos elaborar las relaciones amorosas porque se construyen desde la infancia. Si algo nos resulta conflictivo, sólo hay que analizar ciertas cosas para comprender lo que nos pasa y modificar ciertas pautas.
En su libro recomienda amar para no caer enfermo.
Sí, creo en el poder curativo del amor siempre y cuando la relación está elaborada, ya que hay gente que no puede amar. Desde el psicoanálisis se sabe que cuando se sufre por amor se sufre de manera involuntaria. Yo recuerdo a la gente que ha sufrido por amor que hay muchas maneras diferentes de amar. Y me gustaría recordar que hay muchos tópicos relacionados con el amor.
Hablemos de esos tópicos sobre el amor.
Bueno, uno de los más habituales es relacionar amor y enamoramiento. Son términos diferentes. En el enamoramiento, se disfraza al amado como uno quiere que sea; en cambio, en el amor se quiere a la persona tal y como es. Queremos porque aceptamos los fallos, eso es algo vital. En enamoramiento, además, es un flash, un instante, mientras que el amor es sólido, no perecedero y te acompaña a lo largo de tu vida, lo que ocurre es que cambia, al igual que uno no es el mismo a los 20 que a los 40. Para llegar a amar, como digo en el libro, hay que aceptar que el otro nos va a decepcionar, al igual que nosotros vamos a decepcionar al otro. Todos tenemos límites y fallos, por eso el amor no puede ser exigente ni responder a la película que nos hayamos montado sobre nuestra pareja.
Cada vez es más frecuente que mucha gente elija estar sola, sin pareja.
Freud decía que nada nos hace más vulnerables en la vida que amar a otro; lógicamente, se refería a que amar genera un estado de incertidumbre. Detrás de decisiones como la de estar solo se esconden muchas veces miedos: miedo al sufrimiento, al abandono…La gente cree que si no tienen pareja evitarán ser abandonados o engañados, pero esa decisión al final les conduce a la tristeza. La vida acompañada es más rica, pero en esta época que vivimos de prisas no sacamos tiempo para dedicarle al amor.
¿Tanto influye la familia a la hora de elegir un amor?
Mucho. Es importante recordar que es en el seno de la familia donde amamos y nos aman por primera vez. El amor tiene que ver con el deseo hacia el otro, con la ilusión. Elegimos un amor por lo que no tuvimos en la infancia y ahora queremos tener, o por lo contrario: por lo que sí tuvimos y queremos seguir conservando. Y el amor se elige desde el inconsciente, claro, pero cuanto mejor nos conozcamos a nosotros mismos, mejor podremos amar. Yo siempre digo que la ignorancia sobre uno mismo, los engaños a los que nos sometemos, son el primer enemigo del amor.
Es decir, para amar primero hay que saber no sólo cómo es el otro, sino cómo somos nosotros.
Por supuesto. Esto exige dejar atrás los engaños. Tenemos que cuestionarnos permanentemente sobre lo que hacemos y lo que somos. Por ejemplo, si nuestra pareja nos ha decepcionado, hay que preguntarse el motivo por el que ha ocurrido, qué hemos visto mal en él o en ella, etc. Desde ahí, siempre se puede volver a reconstruirlo todo.
¿Hay cura para el mal de amores?
La hay siempre que uno quiera. El problema es que a veces, nos curamos cuando ya hemos sufrido mucho y creo que no hay que llegar a ese punto.
Enlace original en Estrella Digital
sábado, 1 de agosto de 2009
...acertijo sobre la clemencia...
un saludo desde áfrica.
...¿reconoceis el pagaré?
lo reconozco
...entonces debeis ser misericordioso
¿qué me obliga a ser clemente?, ¡decídmelo!
...la clemencia jamás debe ser forzada
cae, como la sueve lluvia del cielo, sobre los campos sedientos
es doblemente bendita
bendice a quien la recibe como a quien la concede
tiene su trono en el corazón de los reyes
es un tributo de dios mismo
y el terrenal poder se parece más al de dios
cuando la clemencia atempera la justicia...
lunes, 15 de enero de 2007
No sin mi libertad
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Durante el segundo cuarto del siglo veinte, una emigrante rusa en Estados Unidos veía como a este lado del telón de acero se iban aceptando las premisas del otro lado. Habiendo vivido en primerísima persona y a muy temprana edad los excesos de la Revolución de Octubre, no tenía dudas sobre los horrores que sufriría el mundo si el avance de tales ideas no era detenido. Pero, para su decepción, y a diferencia de la década de 1770, no aparecía por ningún lado aquel grupo de hombres íntegros y valientes capaces de la hazaña de rebelarse y defender la libertad hasta sus últimas consecuencias.
Ella no les esperó. Proyectó en esta obra un mundo comunista al borde de la implosión económica y social. Situó en él a unos hombre capaces de identificar y rebatir cada una de las premisas que habían llevado a la humanidad a tal desgracia. Y les guió a la victoria. Novelando la titánica hazaña de esos héroes futuribles, se convirtió en su más decidida, precoz y monumental vanguardia.
Rand llamó a esta, su obra cumbre, Atlas Shrugged, (Atlas se encogió de hombros). Los traductores españoles, captando plenamente ese espíritu de Reconquista liberal prefirieron el título más combativo "La Rebelión de Atlas".
Hoy, casi cincuenta años después de la primera edición, se han vendido más de veinte millones de ejemplares en todo el mundo y se ha está trabajando en la grabación de una miniserie con un presupuesto superior a los veinticinco millones de dólares. No es un proyecto nuevo, en su día ya se habló de rodar una película con Clint Eastwood, Robert Redford y Faye Dunaway. Pronto saldrá en Argentina una nueva edición del libro.
En este millar de páginas, Rand comprime toda su cosmovisión. Una forma de entender y amar la vida partiendo de los más fundamentales principios de la lógica aristotélica. A es A. No cerraré los ojos ante la realidad. No me engañaré pretendiendo que puedo prescindir de mi mente. Y, por eso, no voy a abandonar mi mente. Ni voy a apoderarme de la de los demás. Porque si lo hago, si vulnero la independencia de una mente, estaré luchando contra lo único que es capaz de generar prosperidad en este mundo: el hombre. Es por eso que el colectivismo está condenado a generar miseria hasta hundirse en ella. Es por eso que el hombre necesita libertad para vivir. O generas prosperidad con tu propia mente o habrás de enfrentarte a las dolorosas consecuencias de creer que una imaginaria mente colectiva vendrá en tu auxilio. Capitalismo o muerte.
Desde la primera página, el lector se encuentra con un sombrío mundo que se hunde bajo el yugo comunista mientras el capitalismo agoniza en Estados Unidos.
Es una época de planificación social. Constantemente aparecen nuevos programas sociales y nuevas regulaciones. Nuevas ayudas y nuevas restricciones. Nuevas limitaciones a la libertad y nuevos poderes para los burócratas y sus compinches.
Y es una época de crisis económica y social. Por doquier hay negocios que cierran y tiendas que se van quedando vacías. Obreros que pierden su empleo y hombres de negocios que se arruinan. Instalaciones que sufren accidentes y productos que dejan de fabricarse.
Así, los planes no se cumplen; los objetivos no se alcanzan. Se requieren nuevas regulaciones para subsanar cada nuevo problema y el ciclo perverso se realimenta.
La apatía y el desconcierto van haciendo mella en toda la población que, incapaz de enderezar la crisis, se pregunta depresivamente si realmente existe alguien capaz de alcanzar logro alguno. Tanta desazón, tanto sentimiento de futilidad, cristaliza en una expresión popular que, como la decadencia, se extiende a cada rincón: "¿Quién es John Galt?"
¿Es que hubo un John Galt que paró el motor que antaño movía el mundo? O ¿será John Galt el que vuelva a ponerlo en marcha? Tal vez, aventuran otros, John Galt ha castigado al mundo por algún pecado. Pero ¿qué pecado es ese?
En medio de este mundo decrépito, se yergue una mujer extraordinaria que no está dispuesta a dejar que ese motor acabe por pararse definitivamente. Dagny Taggart se crece ante la adversidad para mantener a flote, incluso expandir, una gran compañía ferroviaria. La empuja un entusiasta afán de superación y un no menos vivaz afán de lucro. Pero tendrá que enfrentarse a los problemas de carestía, las trabas burocráticas, las presiones de empresarios y políticos corruptos, y un largo etcétera. Y tendrá que hacerlo prácticamente sola.
Está también el industrial metalúrgico Hank Rearden que, empujado por el mismo afán y aún aquejado de los mismos problemas, logra producir un nuevo metal que podrá revolucionar la industria.
Pero ¿sirven de algo los esfuerzos de Dagny y Hank? Son muchos los empresarios que en los últimos años han tirado la toalla. Los que no han podido hacer frente a tantas y tan cambiantes leyes, a tantas "mordidas" y tantas zancadillas legales.
Y cada nuevo empresario que abandona es un productor menos que ofrece sus productos a los consumidores. Es un proveedor menos y un cliente menos para los productores que quedan. Y es, en definitiva, un apoyo menos para los que siguen empeñados en llevar una vida productiva en ese mundo.
A Dagny le entristecen profundamente estas deserciones, pero eso no es nada comparado con el dolor que le produce la actitud de su viejo amigo Francisco d’Anconia.
Alto, apuesto, inmensamente rico y listo como el que más, Francisco pertenece a una vieja familia argentina de prósperos propietarios de minas. En su juventud, Francisco solía hablar con Dagny de las virtudes del afán de superación y del afán de lucro. Ambos disfrutaban conversando sobre la importancia de construirse un futuro, de forjarse a uno mismo, de sentar la cabeza y crear.
Crear valor.
Entendiendo por valor aquello que hace de la realidad un lugar más propicio a la vida humana. Para ello uno ha de usar la mente. La propia mente, porque no tenemos otra. Y si intentamos substituirla por algún sucedáneo, no será valor lo que crearemos.
Hay, ciertamente, quien desea los productos de mentes ajenas y no está dispuesto a entregar nada a cambio de tal valor. En unos párrafos brillantes, D’Anconia comenta que no fueron tales parásitos los que inventaron el dinero: "El dinero es sólo un instrumento de cambio, que no podría existir si no se produjeran géneros ni hombres capaces de crearlos. El dinero es la forma material de ese principio, según el cual, quienes deseen tratar con otros, han de hacerlo por el comercio, entregando valor por valor. El dinero no es el instrumento de los plañideros, que solicitan productos con lágrimas, ni de los saqueadores que los arrebatan por la fuerza. El dinero es sólo posible gracias a quienes producen." Pero Rand no se limitó a defender el dinero; siguiendo la más pura tradición liberal, ella abogaba por retorno al patrón oro. Como lo hizo, por cierto, su discípulo Alan Greenspan, actual jefe de la Reserva Federal, en un artículo en julio de 1966.
Pero, cuando más le necesita, Dagny encuentra a un Francisco cambiado. Un Francisco que no sólo se deja vencer sin oponer resistencia a las dificultades de esta época lúgubre sino que incluso se presta a ahondar la depresión. Francisco despilfarra sus riquezas y gestiona de la peor forma imaginable cada uno de sus negocios. Y, para colmo, él mantiene que sus convicciones siguen firmes y se atreve a advertir a Dagny: "Revisa tus premisas".
En efecto, manteniendo en funcionamiento ese gran ferrocarril, que es la última gran empresa que queda en pie, Dagny ha tenido que hacer un sinfín de concesiones a los burócratas. Por eso, esa resistencia numantina de Dagny esconde una rendición porque, ciertamente, ella ya no es quien decide el destino de su empresa. Ni el de su vida. Ella ya es sólo un elemento más a las órdenes de los planificadores.
Obrando así no hace más que alimentar a los que la atormentan. Vive para sus opresores. No sólo no está creando valor sino que esta rindiendo munición a sus enemigos porque en su momento ya les entregó las llaves de su armería: aceptó que ellos pensaran por ella.
Este es el pecado que John Galt no perdona. Él no aceptó vivir por los demás ni que nadie lo hiciera por él. Siguiendo sus pasos, los hombres que amaban producir se rebelaron y dejaron de producir valor en ese mundo. Se declararon en huelga, se encogieron de hombros y se retiraron a un remoto valle. Cada uno de ellos se dijo a si mismo que no usaría la vida ni la mente de otros como sucedáneos de las suyas. "Soy el primer hombre que no sufrirá martirio a manos de quienes desean verme perecer por el privilegio de mantenerles en vida. Soy el primer hombre que les ha dicho que no les necesito, y hasta que aprendan a tratar conmigo como comerciantes, dando valor por valor, tendrán que existir sin mí, del mismo modo que yo existiré sin ellos; sólo entonces les haré saber de quién es la necesidad y de quién es la inteligencia, y una vez la supervivencia humana se haya erigido en norma, los términos de quienes serán los que tracen el camino para la supervivencia."
A diferencia de los demás defensores de la libertad, Ayn Rand no estaba dispuesta a hacer la más mínima concesión; no iba a usar ninguna construcción lógica que ella no hubiese contrastado oportunamente. Así que partió de cero y defendió el capitalismo creando todo un nuevo movimiento filosófico enraizado en Aristóteles. En el examen final oral de historia de la filosofía, en otoño de 1921 en Petrogrado, el profesor Lossky le hizo preguntas sobre Platón. Sus respuestas fueron acertadas y obtuvo el Grado Perfecto pero el examinador no pudo evitar comentarle: "no parece estar usted de acuerdo con Platón." Ella admitió que así era. Entonces el profesor le preguntó a qué se debía eso. Y ella respondió convencida: "Mis puntos de vista filosóficos aún no son parte de la historia de la filosofía. Pero lo serán."
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Recogido en la web liberalismo.org
Escrito por Antonio Mascaró Rotger
