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martes, 29 de enero de 2013

Copiar y pegar: Patente de corso, Una carta de 1588; Perez-Reverte

Cuando leo algo de Reverte, trato de tener un hueco para compartirlo con vosotros.

Como siempre digo, ¿y tú qué opinas?.....

Estuve ayer leyendo de nuevo la carta de Francisco de Cuéllar, superviviente de la Gran Armada de Felipe II, en la que cuenta su naufragio y penalidades en la costa norte de Irlanda después del fracaso del intento de invasión de Inglaterra en 1588. El texto se lo debo al almirante Sisiño González-Aller, historiador de Marina, queridísimo amigo desde que lo conocí como director del Museo Naval de Madrid, cuando yo documentaba allí mis novelas La carta esférica y Cabo Trafalgar. El almirante tiene una obra monumental, La batalla del Mar Océano, sólo publicada en sus cinco primeros volúmenes -el Ministerio de Defensa lleva desde el ministro Trillo desentendiéndose de la publicación del resto-, donde recoge cuanta correspondencia y documentos de la época se conocen sobre el fracaso de la gran expedición contra Inglaterra. Una de esas cartas, la del capitán Cuéllar, comandante del San Pedro -galeón español destrozado en la costa irlandesa-, es una auténtica joya: un riguroso documento histórico que parece un relato de aventuras. Pero como se trata del documento número 7127 clasificado por el almirante, y pertenece a la parte inédita de la obra, temo que nunca lleguemos a verlo impreso. Felipe II y la Gran Armada, a estas alturas. A ver qué ministro se gasta un euro en eso. No fastidie, almirante. Esto es España, con su memoria siempre arrojada al basurero del olvido. Y más ahora, con el fácil pretexto de los tiempos que corren. Etcétera. Y sin embargo, menudo relato. Veinte folios que bastan para contar, con más viveza y exactitud que el mejor libro de Historia, cómo el arrogante sueño de Felipe II, su proyecto de derribar a Isabel I con un desembarco que sublevara a los católicos ingleses, fue aniquilado por los combates, los temporales y la mala suerte. En su carta cuenta Cuéllar los pormenores del naufragio en pleno temporal -«No teníamos remedio ni socorro ninguno, si no era de Dios»- y cómo miles de náufragos españoles que iban a bordo de las naves deshechas en playas y acantilados van siendo arrastrados por el mar, vivos y muertos -«Desnudos en cueros, sin ningún género de ropa sobre sí, tiritando de frío, que le hacía cruel»-, en aquellos parajes septentrionales e inhóspitos, asesinados por los lugareños que les roban hasta los harapos, y por las tropas inglesas que recorren la costa ahorcando sin compasión a los supervivientes: «Y se los comían cuervos y lobos sin que viniese quien diera sepultura a ninguno». Estremece hasta erizar la piel la narración del capitán Cuéllar, que todo lo describe de modo admirable: lo desolado del paisaje frío y hostil, la crueldad de irlandeses e ingleses, la espantosa soledad de los españoles dispersos que huyen por los montes buscando amparo, heridos, ateridos de frío, acosados como animales -«Volví a llamar a mi compañero por ver si dormía y halléle muerto»-. Pero también, entre lo espantoso de la tragedia -«Todo destruido y doce españoles ahorcados dentro de la iglesia por mano de los ingleses que en nuestra busca andaban»- brillan también, a ratos, los destellos de humanidad de algunos campesinos irlandeses que, reconociendo a católicos como ellos entre los fugitivos, los amparan y socorren incluso después de robarles lo poco que llevan encima: «No me hicieron mal, porque había uno de ellos que sabía latín». Y no falta tampoco el rasgo épico: cuando ante la proximidad de las tropas inglesas huyen los lugareños irlandeses, un pequeño grupo de nueve españoles supervivientes, hartos de vagar por aquella tierra desolada, deciden no seguirlos y se atrincheran entre los muros de un pequeño castillo desierto donde resisten diecisiete días, resueltos a vender caro lo que resta de sus pobres vidas; porque «para no vernos en más, era mejor acabar de una vez honradamente». No sé a ustedes; pero a mí, ese relato de hace cinco siglos me estremece como si fuera de hace cinco días. Empañan los ojos esos infelices perdidos en tierra hostil, intentando sobrevivir a la desgracia de ser españoles -eso los llevó a buscar fortuna a bordo de aquellas naves y a naufragar en aquella costa peligrosa y desolada-. Cuando pienso en ellos, no puedo evitar asociarlos con quienes, cinco siglos después, vagan ahora por sus particulares costas inhóspitas, intentando sobrevivir a la estupidez y la arrogancia de quienes los embarcaron en la última pomposa Gran Armada. Con el desastre que, como inevitable maldición histórica, esta España enferma de sí misma se obstina, de siglo en siglo y sin aprender nunca -la mala memoria es lo que tiene-, en seguir destrozando a cada temporal, estúpida y suicida, contra la misma roca. Fuente original en www.perezreverte.com

martes, 1 de enero de 2013

Copia y pega: Patente de Corso, No compres ese perro. Reverte.

Cuando leo algo de Reverte, trato de tener un hueco para compartirlo con vosotros.

Como siempre digo, ¿y tú qué opinas?.....

No compres ese perro

XLSemanal - 24/12/2012

No seas imbécil. Ni desaprensivo. No hagas posible que dentro de unos meses algunos te mentemos a la madre al cruzarnos con el resultado de tu indiferencia y tu estupidez. Piénsalo mucho antes de dar el paso irreversible; de complicarte una vida que luego pretenderás solucionar por el camino más fácil. Aún puedes evitarlo. Impedir que te despreciemos, e incluso despreciarte a ti mismo cuando te mires en el espejo. Ya sé, de todas formas, que el autodesprecio es relativo. Tarde o temprano, hasta con las mayores atrocidades en la mochila, siempre nos las apañamos para ingeniar coartadas, justificaciones. Conozco a pocos que, hagan lo que hagan -desde faenas elementales hasta cargarse al prójimo-, no acaben durmiendo a pierna suelta tras unos pocos ejercicios de terapia personal. Aun así, permite que te lo explique antes de que ocurra, primero, y después se te olvide. Resumiendo: intenta no convertirte, innecesariamente, en un hijo de la gran puta. Sé que tus niños quieren un perro. Que les hace una ilusión enorme y te dan la matraca desde hace mucho. Que tu hija, por ejemplo, te hace babear cuando te abraza y pide una mascota. O que te acabas de separar de tu legítima, y crees que regalándole al crío un animal, y paseando con él los fines de semana, podrás recuperar el terreno perdido, o no perderlo en el futuro. Hay mil razones, supongo. Un montón de circunstancias por las que has pensado comprar un perro estos días, para tus hijos. O para tu mujer. Tal vez para ti mismo. Un perro en casa, por Navidad. Déjame contarte, porque de eso sé algo. He tenido cinco perros, así que calcula. Y no hay nada en el mundo como ellos. No hay compañía más silenciosa y grata. No hay lealtad tan conmovedora como la de sus ojos atentos, sus lengüetazos y su trufa próxima y húmeda. Nada tan asombroso como la extrema perspicacia de un perro inteligente. No existe mejor alivio para la melancolía y la soledad que su compañía fiel, la seguridad de que moriría por ti, sacrificándose por una caricia o una palabra. He dicho muchas veces que ningún ser humano vale lo que un buen perro. Cuando uno de nosotros muere, no se pierde gran cosa. La vida me dio esa certeza. Pero cuando desaparece un perro noble y valiente, el mundo se torna más oscuro. Más triste y más sucio. Es muy posible, naturalmente, que aciertes. Que, tras pensarlo bien, tomes la decisión y asumas las consecuencias con feliz resultado. Que comprar un perro para tus hijos, para tu mujer o para ti sea un acierto. Que su compañía cambie vuestra vida para bien. Que os haga más conscientes de ciertas cosas. A menudo, un perro acaba haciéndote mejor persona. Te hace sentir cosas que antes no sentías. Sin embargo, no siempre es así. Un perro en el lugar inadecuado puede volverse un drama. Una incomodidad para ti y los tuyos. Y una tragedia para él. Permíteme imaginar lo que podría ocurrir. Que vayas a la tienda, elijas a un perrito delicioso, y eso te valga gritos de alegría y besos familiares. No hay nada tan simpático como un cachorrillo. Al principio todo serán incidentes graciosos y situaciones tiernas. Luego, si vives en piso pequeño o lugar inadecuado, las cosas pueden ser diferentes. Un perro exige cuidados, gastos, paseos, limpieza, comida. No aparece y desaparece cuando conviene. Es un miembro de la familia con derechos y necesidades, que exige pensar en él cuando se planean vacaciones, e incluso una simple salida al cine o a un restaurante. A eso añádele la educación. Un perro mal educado puede convertirse en una pesadilla familiar y social. Además, cada uno, como las personas, tiene su carácter. Punto de vista y maneras. Eso exige un respeto que no todos los humanos somos capaces de comprender. A estas alturas, sabes dónde voy a parar. Si eres de esa materia miserable de la que estamos hechos buena parte de los seres humanos, acabarás abandonándolo. Un viaje en coche a un campo lejano, una gasolinera, una cuneta. Abrir la puerta para que baje y seguir tu camino, acelerando sin atender los ladridos del chucho que correrá tras el automóvil hasta quedar exhausto, desorientado, incapaz de comprender que su mundo acaba de romperse para siempre. El resto no hace falta que lo detalle, pues lo sabes de sobra: él nunca lo haría, y todo eso. Los niños preguntando dónde está el perrito, papi, y tú oyendo aún esos ladridos que dejabas atrás. Avergonzado de ti mismo, o tal vez no. Ya dije antes que un rasgo del perfecto hijo de puta es arreglárselas para que sus actos acaben por no avergonzarlo en absoluto. Así que voy a pedirte un favor. Por ti, por mí, por tus hijos. Antes de ir a la tienda de mascotas esta Navidad, mírate al espejo. Y si no te convence lo que ves, mejor les compras un peluche.


Enlace original en www.perezreverte.com

lunes, 24 de septiembre de 2012

Copia y pega: Patente de corso, el cancer de la gilipollez...

Una vez más, Pérez Reverte da en el clavo. ¿Y tú qué opinas?.... Patente de corso El cáncer de la gilipollez XLSemanal - 24/9/2012 No somos más gilipollas porque no podemos. Sin duda. La prueba es que en cuanto se presenta una ocasión, y podemos, somos más gilipollas todavía. Ustedes, yo. Todos nosotros. Unos por activa y otros por pasiva. Unos por ejercer de gilipollas compactos y rotundos en todo nuestro esplendor, y otros por quedarnos callados para evitar problemas, consentir con mueca sumisa y tragar como borregos -cómplices necesarios- con cuanta gilipollez nos endiñan, con o sin vaselina. Capaces, incluso, de adoptar la cosa como propia a fin de mimetizarnos con el paisaje y sobrevivir, o esperar lograrlo. Olvidando -quienes lo hayan sabido alguna vez- aquello que dijo Sócrates, o Séneca, o uno de ésos que salían en las películas de romanos con túnica y sandalias: que la rebeldía es el único refugio digno de la inteligencia frente a la imbecilidad. Hace poco, en el correo del lector de un suplemento semanal que no era éste -aunque aquí podamos ser tan gilipollas como en cualquier otro sitio-, a un columnista de allí, Javier Cercas, lo ponían de vuelta y media porque, en el contexto de la frase «el nacionalismo ha sido el cáncer de Europa», usaba de modo peyorativo, según el comunicante, la palabra cáncer. Y eso era enviar «un desolador mensaje» e insultar a los enfermos que «cada día luchan con la esperanza de ganar la batalla». Y, bueno. Uno puede comprender que, bajo efectos del dolor propio o cercano, alguien escriba una carta al director con eso dentro. Asumamos, al menos, el asunto en su fase de opinión individual. El lector no cree que deba usarse la palabra, y lo dice. El problema es que no se limita a expresar su opinión, sino que además pide al pobre Cercas «que no vuelva a usar la palabra cáncer en esos términos». O sea, lo coacciona. Limita su panoplia expresiva. Su lenguaje. Lo pone ante la alternativa pública de plegarse a la exigencia, o -eso viene implícito- sufrir las consecuencias de ser considerado insensible, despectivo incluso, con quienes sufren ese mal. Lo chantajea en nombre de una nueva vuelta de tuerca de lo política y socialmente correcto. Pero la cosa no acaba ahí. Porque en el mentado suplemento dominical, un redactor o jefe de sección, en vez de leer esa carta con mucho respeto y luego tirarla a la papelera, decide publicarla. Darle difusión. Y así, lo que era una simple gilipollez privada, fruto del natural dolor de un particular más o menos afectado por la cosa, pasa a convertirse en argumento público gracias a un segundo tonto del culo participante en la cadena infernal. Se convierte, de ese modo, en materia argumental para -ahí pasamos ya al tercer escalón- los innumerables cantamañanas a los que se les hace el ojete agua de regaliz con estas cosas. Tomándoselas en serio, o haciendo como que se las toman. Y una vez puesta a rodar la demagógica bola, calculen ustedes qué columnistas, periodistas, escritores o lo que sea, van a atreverse en el futuro a utilizar la palabra cáncer como argumento expresivo sin cogérsela cuidosamente con papel de fumar. Sin miedo razonable a que los llamen insensibles. Y por supuesto, fascistas. Ahora, queridos lectores de este mundo bienintencionado y feliz, echen ustedes cuentas. Calculen cómo será posible escribir una puta línea cuando, con el mismo argumento, los afectados por un virus cualquiera exijan que no se diga, por ejemplo, viralidad en las redes informáticas, o cuando quien escriba la incultura es una enfermedad social sea acusado de despreciar a todos los enfermos que en el mundo han sido. Cuando alguien señale -con razón- que las palabras idiota, imbécil, cretino y estúpido, por ejemplo, tienen idéntico significado que las mal vistas deficiente o subnormal. Cuando llamar inmundo animal a un asesino de niños sea denunciado por los amantes de los animales, decir torturado por el amor sea calificado de aberración por cualquier activista de los derechos humanos que denuncie la tortura, o escribir le violó la correspondencia parezca una infame frivolidad machista a las asociaciones de víctimas violadas y violados. Cuando decir que Fulano de Tal se portó como un cerdo irrite a los fabricantes de jamones de pata negra, llamar capullo a un cursi siente mal a los criadores de gusanos de seda, tonto del nabo ofenda a quienes practican honradamente la horticultura, o calificar de parásito intestinal al senador Anasagasti -por citar uno al azar, sin malicia- se considere ofensivo para los afectados por lombrices, solitarias y otros gusanos. Sin contar los miles de demandantes que podrían protestar, con pleno derecho y libro de familia en mano, cada vez que en España utilizamos la expresión hijos de puta.

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martes, 31 de julio de 2012

Copiar y pegar: Arturo Pérez Reverte, la tarde en que se acabó el mundo....

 Una vez más quería compartir una cosita de Arturo Pérez Reverte, y como siempre digo ¿y tú qué opinas?....

La tarde en la que acabó el mundo

La tarde en la que acabó el mundo se besaron en la ventana, enlazados el uno con el otro. La luz declinaba afuera, apagándose poco a poco: todavía era rojiza y dorada en la distancia, tras los edificios que se recortaban en ella, mientras las primeras sombras oscurecían los ángulos de calles y edificios. Abajo no había pánico, ni carreras, ni gritos de desesperación. Una multitud serena caminaba despacio por la ciudad: parejas abrazadas, niños que iban de la mano de sus padres, ancianos parados un momento en las aceras, que miraban alrededor como quien busca identificar un rostro o un recuerdo. En los semáforos destellaban intermitentes las luces color ámbar, los coches se dejaban en la calle con las puertas abiertas, y algunos de sus propietarios ni siquiera apagaban el motor antes de alejarse lentamente, sin mirar atrás.

Las últimas tiendas se vaciaban, aunque nadie encendía los rótulos luminosos ni los escaparates. No había saqueos, ni disturbios; los policías caminaban en calma, despojándose indiferentes de sus armas y sus insignias. Los bomberos no tenían nada que hacer: estaban sentados en las escaleras de sus parques y en la puerta de los garajes, ociosos junto a sus camiones cromados y rojos, sonriendo a quienes los saludaban despidiéndose. Por toda la ciudad la gente se decía adiós igual que si fuera Navidad, estrechándose amable la mano o besándose en la cara. Casi todos sonreían serenos y melancólicos, como después de una cena o una fiesta agradable. En las aceras, inmóviles pese a no llevar correa ni estar atados, algunos perros aguardaban pacientes a sus amos, lamiendo las manos de los niños que, al pasar por su lado, los acariciaban.

El edificio estaba sin gente, desiertas las escaleras y vacíos los pisos. No había otro sonido que una música antigua, como de viejo gramófono, que sonaba en algún lugar cercano y llegaba a través de la ventana. En la habitación, el televisor estaba apagado. La luz decreciente oscurecía los lomos de los libros en sus estantes hasta hacer ilegibles las letras doradas de los títulos, y apagaba el rojo intenso del vino en las grandes copas de cristal que estaban sobre la mesa. Había un cuadro en la pared: un lienzo antiguo hecho de claroscuros, del que ya no podía verse otra cosa que trazos de sombras. Todo se oscurecía lentamente, y él propuso encender una luz; pero ella movió con infinita dulzura la cabeza y le puso dos dedos en los labios, como para rogarle que no pronunciase más palabras. De manera que permanecieron callados junto a la ventana, el uno junto al otro, haciéndose compañía en la última claridad del último día.

Se estaba bien allí, pensaron. Aguardando inmóviles y tranquilos mientras veían desvanecerse mansamente todo. Jamás, hasta esa tarde, imaginaron que pudiera ser así, en aquella inusitada paz desprovista de miedo o remordimientos. Alzaron la vista al mismo tiempo para mirar arriba, sobre la ciudad. En el cielo sin nubes ni viento, cuyo color cambiaba del rojizo nacarado a un azul cada vez más oscuro, más allá de la línea de edificios y tejados que se recortaba en el horizonte de la ciudad, se deshacía la estela de condensación del último avión que había cruzado el cielo del mundo. Cuando bajaron de nuevo los ojos, la calle estaba casi vacía. Entre la última gente que se decía adiós en las aceras vieron rostros que se parecían a los de seres queridos muertos mucho tiempo atrás. Y cuando la luz decreció más y la ciudad empezó a velarse definitivamente de sombras, todavía les fue posible distinguir al extremo de la calle, a lo lejos, la rueda del kiosco de feria que seguía dando vueltas silenciosas en el parque vacío, con un niño solitario subido a uno de los caballitos.

Él abrió la boca para decir una última palabra que lo resumiese todo, pero ella volvió a ponerle los dedos sobre los labios. Luego, estrechándose contra él, lo besó por última vez. Después se apartó un poco y volvió a mirar la calle casi desierta, los últimos transeúntes alejándose despacio por las aceras. Sonaba todavía, a través de la ventana, la música apagada del viejo gramófono. A lo lejos, en el parque, los caballitos de feria seguían dando vueltas en la penumbra, aunque el niño había desaparecido. Eso fue lo único que hizo que él sintiera, por un instante, un estremecimiento de melancolía, o de incertidumbre. Ella pareció advertirlo y se enlazó de nuevo a su cintura. Entonces él movió la cabeza, resignado, mientras sonreía a las sombras que ya lo anegaban todo. Luego le pasó a ella un brazo por los hombros, estrechándola contra sí. Y de ese modo, abrazados, muy quietos y serenos, vieron extinguirse la última luz.


(ARTURO PÉREZ REVERTE)

lunes, 30 de julio de 2012

Copiar y pegar: Perez Reverte. Echando pan a los patos.

 Una vez más quería compartir una cosita de Arturo Pérez Reverte, y como siempre digo ¿y tú qué opinas?....

 

Echando pan a los patos

ARTURO PÉREZ REVERTE.


Me pregunto a qué están esperando en España, con lo aficionados que somos a correr delante de la locomotora, y al que no quiera correr, obligarlo por decreto. A más de un político aficionado a la psicopedagogía de laboratorio y a la lengua hablada y escrita controlada por ley, debería gotearle el colmillo: hay más humo con el que marear la perdiz. Más posibilidades de que la peña, propensa a desviarse de pitones cuando le agitan un capote desde la barrera, no piense en lo que debe pensar, la que está cayendo y va a caer. Buenos ratos echando pan a los patos.


Hace un par de meses, una editorial gringa publicó ediciones políticamente correctas del Huckleberry Finn y el Tom Sawyer de Mark Twain en las que, además de retocar crudezas propias del habla de la época, se elimina la palabra nigger, que significa negro. Los alumnos se escandalizaban, arguyó el responsable: un profesor de Alabama que, en vez de explicar a sus escandalizables alumnos que los personajes de Twain usan un lenguaje propio de su época y carácter -Joseph Conrad tituló una novela The nigger of the Narcissus-, prefiere falsear el texto original, infiltrando anacronismos que encajen en las mojigatas maneras de hoy. Convirtiendo el ácido natural, propio de aquellos tiempos, en empalagosa mermelada para tontos del ciruelo y la ciruela.


Coincide la cosa con que el ministerio de Cultura francés, confundiendo la palabra conmemorar con la de celebrar, excluya a Louis-Ferdinand Céline de las conmemoraciones de este año, cuando se cumplen cincuenta del fallecimiento del escritor. Que fue pésima persona, antisemita y colaborador de la Gestapo -como, por otra parte, miles de compatriotas suyos-, y autor de un sucio panfleto antijudío titulado Bagatelle pour un massacre; pero que también es uno de los grandes novelistas del siglo XX, el más importante en Francia junto a Proust, y cuyo Viaje al fin de la noche transforma, con inmenso talento narrativo, una muy turbia sordidez en asombrosa belleza literaria. Eso demuestra, entre otras cosas, que un retorcido miserable puede ser escritor extraordinario; y que un artista no está obligado a ser socialmente correcto, sino que puede, y debe, situarnos en los puntos de vista oscuros. En el pozo negro de la condición humana y sus variadas infamias.


Así que, españoles todos, oído al parche. Suponiendo -tal vez sea mucho suponer- que quienes vigilan a golpe de ley nuestra salud física y moral sepan quiénes son Twain o Céline, imaginen las posibilidades que esto les ofrece para tocarnos un poquito más los cojones... ¿Qué son bagatelas como prohibir el tabaco o convertir en delito el uso correcto de la lengua española, comparadas con reescribir, obligando por decreto, tres mil años de literatura, historia y filosofía éticamente dudosas?... ¿A qué esperan para que en los colegios españoles se revise o prohíba cuanto no encaje en el bosquecito de Bambi?... ¿Qué pasa con esas traducciones fascistas de Moby Dick donde se matan ballenas pese a los convenios internacionales de ahora?... ¿Y con Phileas Fogg, tratando a su criado Passepartout como si desde Julio Verne acá no hubiera habido lucha de clases?... ¿Vamos a dejar que se vaya de rositas el marqués de Sade con sus menores de edad desfloradas y sodomizadas antes de la existencia del telediario?... ¿Y qué pasa con la historia y la literatura españolas?... ¿Hasta cuándo seguirá en las librerías la vida repugnante de un asesino de hombres y animales llamado Pascual Duarte?... ¿Cómo es posible que al genocida de indios Bernal Díaz del Castillo lo estudien en las escuelas?... Y ahora que todos somos iguales ante la ley y el orden, ¿por qué no puede Sancho Panza ser hidalgo como don Quijote; o, mejor todavía, éste plebeyo como Sancho?... ¿A qué esperamos para convertir lo de Fernán González y la batalla de Covarrubias en el tributo de las Cien doncellas y doncellos?... ¿Cómo un machista homófobo y antisemita como Quevedo, que se choteaba de los jorobados y escribió una grosería llamada Gracias y desgracias del ojo del culo, no ha sido apeado todavía de los libros escolares?... En cuanto a la infame frase Viva España, que como todo el mundo sabe fue inventada por Franco en 1936, ¿por qué no se elimina en boca de numerosos personajes de los Episodios nacionales de Galdós, donde afrenta a las múltiples y diversas naciones que, ellas sí, nos conforman y enriquecen?... ¿Y cómo no se ha expurgado todavía El cantar del Cid de las 118 veces que utiliza la palabra moro, sustituyéndola por hispano-magrebí de religión islámica, y buscándole de paso, para no estropear el verso, la rima adecuada?


Por fortuna no leen, ni creo que en el futuro lo hagan. Tranquilos. El peligro es mínimo. Menos mal que esos pretenciosos analfabetos, dueños del Boletín Oficial, no han abierto un libro en su puta vida.

domingo, 29 de julio de 2012

Copiar y pegar: No cabe un tonto más.... Arturo Pérez Reverte...

Una vez más quería compartir una cosita de Arturo Pérez Reverte, y como siempre digo ¿y tú qué opinas?....



No cabe un tonto más


10/1/11. ARTUTO PÉREZ REVERTE.

Me van ustedes a disculpar -o no-, pero la culpa no la tiene el niño, ni sus padres. Alguien debería romper una lanza por esa familia; así que aquí me tienen, rompiéndola. En el asunto del profesor del instituto de La Línea que mentó el jamón en clase, ofendiendo la sensibilidad islámica de un alumno musulmán de trece años, los culpables son otros. Después de todo, el padre que puso una denuncia en comisaría, tras calificar de maltrato escolar el hecho de que se pronunciasen las impuras palabras jamón y cerdo en clase, no hacía otra cosa que demostrar que sabe muy bien dónde está. Que nos ha tomado el pulso. Los hipócritas somos nosotros, ciudadanos socialmente correctos y de limpia conciencia, que después de llenarnos la boca tragándolo todo hasta el fondo porque no vayan a decir que somos intransigentes, xenófobos y fachas, y por el resto del qué dirán, de pronto nos ponemos estrechos y tiquismiquis diciendo que no, oiga. Por Dios. Ahora, la puntita nada más.

Esto es España, oigan. Donde, como dice mi compadre Carlos Herrera, no cabe un tonto más, pues nos caeríamos al agua. Cuando la familia del niño musulmán ofendido por el jamón dirigió sus pasos a la comisaría más próxima, de ingenua tenía lo justo. La movía la certeza absoluta de que, por descabellada que fuese su denuncia, tenía ciertas posibilidades de prosperar. Y no puedo menos que darle la razón. Conociendo el patio.

El maestro, en primer lugar. Menos mal que anduvo prudente y achantó la mojarra. Con la hiperprotección que en España dispensamos a los pequeños cabroncetes, que un niño se levante en clase y le quite la palabra al profesor que está hablando de Geografía y de climas adecuados para la cura del cochino, a fin de exigirle que no ofenda su sensibilidad religiosa, nos parece a muchos lo más natural del mundo. O semos tolerantes, o no lo semos. Respeto a la multiculturalidad, se llama eso. Y si al maestro se le ocurre levantar la voz para decirle al zagal que cierre el pico, o agarrarlo por el pescuezo si se pone flamenco y sacarlo al pasillo, calculen el desparrame. Docente fascista, violencia escolar, xenofobia en las aulas, tertulias de radio y televisión, Internet a tope. Se le cae el pelo, al profe. Niño y encima musulmán, casi nada. Si además llega a ser niña y con pañuelo en la cabeza, abre telediarios.

En cuanto a la policía, imaginen que son el cabo Ramírez, o como se llame, que está echándose un cigarrito en la puerta, y en ésas llega el padre de la criatura y dice que a su hijo le han mentado el jalufo en clase, y que es intolerable. Entonces usted, Ramírez, considera dos opciones. La primera que se le ocurre es mandar al padre y al hijo a tomar por saco; pero, lo mismo que el maestro, sabe perfectamente en qué país imbécil se juega los cuartos. También sabe que, si no se pone a disposición de cualquier fanático oportunista, tramitando tal clase de denuncias, puede ponerse a remojo: xenofobia policial, abuso de autoridad, prevaricación, nocturnidad -son las siete de la tarde- y alevosía. Titulares de prensa, y María Antonia Iglesias, descompuesta de belfo, llamándolo fascista y mala persona en la telemierda. Así que opta por la segunda opción, y tramita. Cayéndosele la cara de vergüenza, pero resignado con su puto oficio y su puta España, va al día siguiente a tomarle declaración al maestro. Y que salga el sol por Antequera.

Ahora, el juez, fiscal o lo que sea. Afortunadamente estaba de guardia uno normal, de los que no buscan salir en los periódicos. Y decidió, con sano criterio, hacer lo que no pudo el cabo Ramírez: mandar al demandante a tomar por saco, como la Justicia hace esas cosas: archivando la denuncia. Mi pregunta es qué habría ocurrido si en vez de tocarle al fiscal Fulano le hubiese caído al fiscal Mengano: uno de los que tocan otro registro y se la cogen con papel de fumar, por si acaso. De los que, en una discusión de tráfico, una conductora llama cabrón a un conductor, éste responde zorra, y empapelan al conductor por conducta machista. Dirán ustedes que es imposible. Que la denuncia del jamón no podía prosperar jamás. Vale. Piénsenlo despacio. Esto es España, recuerden. Paraíso de demagogos y cantamañanas, donde prospera todo disparate. Ahora díganme otra vez que la denuncia nunca iría adelante, por lo menos en fase de diligencias. Díganlo mirándome a los ojos.

Así que, en mi opinión, el digno musulmán hizo perfectamente. No arriesgaba nada. Y si cuela, cuela. Con suerte, incluso habría sacado una pasta para pagarse el viaje a La Meca con la familia. En todo caso, lo seguro es que en la comunidad islámica de su pueblo deben de tenerlo ahora por un hombre santo, honesto mahometano. Todo un tipazo. De estar en su chilaba, yo también lo habría hecho.

lunes, 20 de febrero de 2012

Copiar y pegar: Españoles, ¿sois idiotas?....

Aquí os dejo un texto que anda por la red y que siempre se atribuye a Reverte, aunque realmente lo escribieron en el diario de Navarra.

De todas formas reverte dice que está de acuerdo con él... ¿y tú qué opinas?...



ESPAÑOLES, ¿SOIS IDIOTAS?....

HAY un problema laboral del colectivo de controladores aéreos que afecta al 1,2% de la población española (600.000 personas) y casi todos saltáis como energúmenos pidiendo hasta el linchamiento de ese colectivo cuando el día anterior hacen otra reforma del sistema laboral más restrictiva, quitan los 420 euros de ayuda a 688.000 parados que están en la ruina y anuncian cambios drásticos a peor en la ley de pensiones que afectan al 80% de la población y nadie se indigna ni dice nada. ¿Sois idiotas?

Estáis pidiendo a gritos al Gobierno que se apliquen medidas que quitan el derecho a la baja laboral, a los permisos retribuidos y a las horas sindicales, sacar militares a la calle ¿sois idiotas?

Estáis leyendo que mintieron en los vuelos de la CIA, en el caso Couso, que González era la X del GAL, que gente del PP cobraba de la trama Gürtel, que hay políticos que cobran más de 230.000 euros al año, pero que nos cuestan más de 3 millones de euros, que la corrupción en la política no es excepción, sino norma, que ellos mismos se adjudican el derecho a cobrar la jubilación máxima con pocos años en las Cortes y a nosotros nos piden 40 de cotización, banqueros que consiguen del gobierno medidas duras contra los trabajadores y que tenían que estar en la cárcel por delitos demostrados de fraude fiscal y no decís nada, os quitan dinero para dárselo a esa gente que cobra cientos de miles de euros año, especula con nuestro dinero, defrauda a Hacienda y seguís callados ¿sois idiotas?

Tenéis una monarquía que se ha enriquecido en los últimos años, que apoya a los poderosos, a EEUU, a Marruecos y a todo lo que huela a poder o dinero, hereditaria como en la Edad Media ¿sois idiotas?

En Inglaterra o Francia o Italia o en Grecia o en otros países los trabajadores y los jóvenes se manifiestan hasta violentamente para defenderse de esas manipulaciones mientras en España no se mueve casi nadie ¿sois idiotas?

Consentís la censura en los medios de comunicación, la ley de partidos, la manipulación judicial, la tortura, la militarización de trabajadores sólo porque de momento no os afecta a vosotros ¿sois idiotas?

Sabéis quién es toda la gentuza de las revistas del corazón, futbolistas supermillonarios pero jamás escucháis a nadie como Saramago o Chomsky u otros mil intelectuales veraces y comprometidos con vuestros problemas ¿sois idiotas?

Si mucha gente responde sí, aún nos queda un poco de esperanza de conseguir acabar con la manipulación de los políticos y poderosos.

Si la mayoría contesta no, entonces estamos jodidos.

Jesús Sanz Astigarraga



Enlace original
Realmente, no lo escribió Reverte

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Copiar-Pegar: Internet y desparrame

Un texto de Arturo Pérez Reverte que me acaban de pasar.


Saludos desde África.


Internet y desparrame
29/11/2010 ARTURO PÉREZ REVERTE.



Me sorprenden algunos amigos lectores porque, tras diecisiete años escribiendo ajustes de cuentas semanales -que para mi salud mental como español resultan de lo más higiénico-, hace poco se montara un pifostio en torno a cierto comentario mío, hecho en un humilde rincón de la red social Twitter, sobre la opinión personal y razonada que tengo de la gestión política de cierto ministro pasado a peor vida (apuntemos, de paso, que según la 22ª edición del diccionario de la RAE y en la quinta acepción del palabro, un mierda -escrito con artículo masculino- significa, literalmente, persona sin cualidades y méritos). Como digo, se extrañan esos amigos de que en todos estos largos y tormentosos años nunca se montara cisco semejante, pese a que, como certificarán los responsables de XLSemanal, algunos de sus cabellos encanecidos se deben a esta página pecadora; en la que, aparte disgustos empresariales con anunciantes y poderes más o menos fácticos, el teléfono y el correo tuvieron momentos de gloria, lo mismo en tiempos de la España prepotente, meapilas, ladrillera y cañí del amigo Ánsar, que cuando no hace mucho comenté los sentimientos que la vista del palacio de las Cortes despierta en mi espíritu, o cuando dediqué un artículo -Permitidme tutearos, imbéciles- a la política educativa española de los hunos y los hotros: esa casta política demagoga y oportunista que ha conseguido hacernos analfabetos en diecisiete libros de texto y cuatro idiomas distintos, sin contar el bable asturiano y la fabla aragonesa. Ni siquiera llegó a tanto cuando, gobernando el Pepé, glosé en términos contundentes -dos sustantivos con preposición en medio- la figura de Pío XII, el papa entrañable que se hacía fotos místicas con un pajarito posado en un dedo mientras los nazifascistas deportaban y gaseaban a cientos de miles de judíos bajo sus pastorales narices. Dense ustedes una vuelta por el gueto judío de Roma, por ejemplo, que todavía está allí. Miren las placas conmemorativas y sabrán a qué me refiero.

La respuesta a por qué en esos y otros casos el desparrame no llegó a tanto, mientras que en éste varios ministros -en su acepción genérica de hombres y mujeres que ocupan el cargo- me concedieron el privilegio de pronunciar mi nombre en los telediarios, es lamentablemente obvia: Internet, las redes sociales y la obligada simplificación de muchos de sus mensajes, se caracterizan por la potente difusión, el acceso indiscriminado y la fácil superficialidad. Cualquier mensaje puesto allí puede rebotarse millones de veces con extrema rapidez. Además, todo usuario, desde la lúcida mente científica hasta el cretino más tarado que imaginar podamos, tiene a mano expresar su opinión en Internet bajo nombre real o fingido, con la simplicidad de darle a una tecla y la impunidad opcional del anonimato. Con el incierto resultado de que lo mismo valen estadísticamente las opiniones del escritor y caballero Mario Vargas Llosa, del profesor Gregorio Salvador o del científico y académico José Manuel Sánchez Ron, que las de cualquier tiñalpa analfabeto y con seudónimo que decida asomarse a la red.

Pero la causa principal, en mi opinión, es la superficialidad. Una característica de Internet es que ahí todos corremos el riesgo de opinar, basándonos en frases leídas al azar, fuera de contexto, o en mensajes mil veces rebotados y que se deforman y desnaturalizan por el camino, sobre cuanto la amistad, el entusiasmo, el rencor, la ideología, la simple estupidez, hacen decir a unos tras leer de otros lo que, a su vez, éstos aseguran que alguien dijo. Luego, ese despelote salta a ciertos medios informativos siempre ávidos de titulares, de etiquetas fáciles y de agua a su molino; notoriamente, en esta triste, cobarde y demagógica España, donde tantos paniaguados rascatertulias a sueldo de sus amos, de ésos que nunca pierden ningún tren porque corren delante de cualquier locomotora, se ganan el jornal. De tal modo, una maraña de información insustancial, hecha de comentarios inexactos, cuando no falsos o malintencionados, acaba suplantando el hecho real y los argumentos originales. Y al cabo es lo que queda. Permítanme un caso propio: hace poco publiqué en esta página un artículo titulado Notario del horror. A las veinticuatro horas, en un lugar de Internet, una sucesión de usuarios estaba poniéndome a parir por recomendar las memorias de un secretario judicial de Burgos, nada menos que capital rebelde durante la Guerra Civil. Por darle coba a un represor fascista. Hasta que otros internautas, que sí habían leído el artículo, les aclararon que el tal secretario judicial era de izquierdas y narraba las ejecuciones masivas de republicanos en aquella ciudad. Y que llamarme asalariado del Pepé, facha y nostálgico del franquismo por alabar ese libro, resultaba, cuando menos, inexacto.



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I am surprised by some fellow readers because, after seventeen years of writing weekly showdowns, which to my mental health and Spanish are the most hygienic, recently rode a pifostio around a comment of mine, made in a humble corner of the Twitter social network on personal opinion and reasoned that I have of the political management of a minister come to worst life (notes, in passing, that as the 22 th edition of the dictionary of the RAE and the fifth meaning of the word, shit - male-written article literally means person without qualities and merits). As I say, those friends are surprised that in all these long and stormy years like never ride cisco, although, as certified XLSemanal responsible for some of his hair graying is due to this page sinful, in which, apart business trouble with advertisers and powers more or less factual, phone and mail had moments of glory, even in times of Spain arrogant, meapilas, brick and Ansar cañí friend, when told not long ago in view the feelings Palace of the Parliament aroused in my mind, or when I dedicated an article "Let tutear, imbeciles, the Spanish educational policy of the Huns and hotra: the demagogic and opportunistic political caste that has gotten us illiterate in seventeen books and four different languages, not counting the likely Fabla Asturian and Aragonese. Never even so much when running the Pepe, glossed in stark terms-two nouns with prepositions in half-figure of Pius XII, the pope who took pictures beloved mystic with a bird perched on a finger while the Nazi-fascist deported and gassed hundreds of thousands of Jews under their noses pastoral. Give you a tour of the Jewish ghetto in Rome, for example, which is still there. Look at the plaques and know what I mean.

The answer to why these and other cases did not scatter much, while he ministers, in its generic sense of men and women in the office, I was granted the privilege of pronouncing my name in television news is sadly obvious: Internet, social networks and the necessary simplification of many of its messages, are characterized by strong diffusion, indiscriminate access and easy superficiality. Any message posted there, you can bounce off millions of times very quickly. In addition, any user, from the lucid scientific mind to the more geeky moron who can imagine, have on hand to express their views on the Internet at real or fake name, with the simplicity of giving a key and optional impunity of anonymity. With the uncertain result of the same worth statistically the views of the writer Mario Vargas Llosa and gentleman, teacher or scientist Gregorio Salvador and José Manuel Sánchez Ron academic, than any tiñalpa pseudonym illiterate and decides to look out the network.

But the main cause, in my opinion, is superficiality. A feature of the Internet is that there all run the risk of an opinion, based on random sentences read out of context, or a thousand times bounced messages and deform and distort the way, about how the friendship, enthusiasm, hatred, ideology, simple stupidity, they say to each other after reading which, in turn, they say that someone said. Later that mess jumps to certain media always eager for the headlines, easy and cloud water to its mill, well, in this sad, cowardly and demagogic Spain, where many rascatertulias henchmen in the pay of their masters, of those who never lose no trains because they run ahead of any locomotive, the wages are earned. Thus, a web of pointless information, inaccurate comment made, if not false or malicious, just supplanting the real and original arguments. And after all is what is left. Let a proper case, recently published on this page an article entitled Notary horror. Twenty-four hours in an Internet site, a succession of users was getting to give birth to recommend the memoirs of a clerk of Burgos, nothing less than rebel capital during the Civil War. Coba for giving a fascist oppressor. Until other Internet users, who themselves had read the article, I explained that the clerk was just left and told of mass executions of Republicans in that city. And call me Pepe salaried, Franco fascist and nostalgic for praising this book, it was at least inaccurate.

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Web oficial de Arturo Perez-Reverte

-------------------------version franÇaise-------------------------------

Je suis surpris par certains lecteurs collègues parce que, après dix-sept ans d'écriture abattages hebdomadaires, ce qui pour ma santé mentale et l'espagnol sont les plus hygiéniques, a récemment monté un pifostio autour d'un commentaire de la mine, fait dans un coin de l'humble Twitter réseau social sur l'opinion personnelle et motivé que j'ai de la gestion politique d'un ministre venu de vie défavorables (notes, en passant, que l'édition 22 e du dictionnaire de la RAE et le sens cinquième de la parole, de la merde - article masculine écrite signifie littéralement personne sans qualités et les mérites). Comme je le disais, ces amis sont surpris de constater que dans toutes ces longues années et orageux comme jamais rouler cisco, bien que, tel que certifié XLSemanal responsables de certains de ses cheveux grisonnants est due à cette page pécheur, qui, en dehors problèmes d'affaires avec des annonceurs et des pouvoirs plus ou moins factuelle, téléphone et mail eu des moments de gloire, même en temps de arrogante Espagne, meapilas, la brique et Ansar cañi ami, quand on lui dit pas si longtemps, en raison des sentiments Palais du Parlement a suscité dans mon esprit, ou quand je consacre un article intitulé «Let tutear, imbéciles, la politique espagnole d'enseignement des Huns et hotra: la caste politique démagogique et opportuniste qui a obtenu nous analphabètes dans dix-sept livres et quatre langues différentes, sans compter le risque fabla des Asturies et d'Aragon. Jamais encore autant lors de l'exécution du Pepe, glosé en termes Stark-deux noms avec des prépositions en demi-figure de Pie XII, le pape qui a pris des photos mystique bien-aimée avec un oiseau perché sur un doigt tandis que le nazi-fasciste déportés et gazés des centaines de milliers de Juifs sous leur nez pastorale. Donnez-vous un tour du ghetto juif de Rome, par exemple, qui est toujours là. Regardez les plaques et de savoir ce que je veux dire.

La réponse à ces cas et pourquoi d'autres ne se dispersent pas beaucoup, alors qu'il ministres, dans son sens générique des hommes et des femmes dans le bureau, on m'a accordé le privilège de prononcer mon nom dans les nouvelles télévisées est malheureusement évident: Internet, réseaux sociaux et la nécessaire simplification de beaucoup de ses messages, sont caractérisés par une forte diffusion, l'accès sans discrimination et de la superficialité facile. Tout message posté là, vous pouvez rebondir sur des millions de fois très rapidement. En outre, n'importe quel utilisateur, de l'esprit lucide scientifiques pour le crétin plus geek qui peut imaginer, avoir sous la main pour exprimer leur point de vue sur Internet à vrai ou faux nom, avec la simplicité de donner une impunité clés et facultatifs de l'anonymat. Avec le résultat incertain de la même valeur statistiquement les vues de l'écrivain Mario Vargas Llosa et messieurs, enseignant ou chercheur Gregorio Salvador et José Manuel Sánchez Ron universitaires, que n'importe quel pseudonyme tiñalpa analphabètes et décide de chercher sur le réseau.

Mais la cause principale, à mon avis, est la superficialité. Une caractéristique d'Internet est qu'il y courons tous le risque d'un avis, fondé sur les peines de lecture aléatoire hors contexte, ou mille fois les messages renvoyés et se déformer et à fausser la façon dont, sur la façon dont l'amitié, d'enthousiasme, la haine, l'idéologie, la bêtise simple, disent-ils les uns aux autres après la lecture qui, à leur tour, ils disent que quelqu'un l'a dit. Plus tard, ce désordre sauts à certains médias toujours avides de gros titres de l'eau, facile et de nuages à son moulin, et, dans ce triste, lâche et démagogique Espagne, où de nombreux hommes de main rascatertulias à la solde de leurs maîtres, de ceux qui ne perdent jamais pas de trains parce qu'ils vont à l'avance de toute locomotive, les salaires ont été gagnés. Ainsi, un réseau d'information inutile, un commentaire inexactes, sinon fausses ou malveillantes, il suffit de se substituer aux arguments réels et original. Et après tout est ce qui reste. Laissez un cas approprié, a récemment publié sur cette page un article intitulé horreur notaire. Vingt-quatre heures dans un site Internet, une succession d'utilisateurs devenait pour donner naissance à recommander les mémoires d'un greffier de Burgos, rien de moins que capitale des rebelles pendant la guerre civile. Coba pour donner un oppresseur fasciste. Jusqu'à ce que d'autres internautes, qui avaient eux-mêmes lire l'article, j'ai expliqué que le greffier vient de gauche et dit des exécutions en masse de républicains dans cette ville. Et appelez-moi Pepe salariés, Franco fasciste et nostalgique pour faire l'éloge de ce livre, il était au moins inexactes.

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--------------------------繁體中文版------------------------

我很詫異,因為一些其他讀者,經過 17多年的寫作每週攤牌,這對我的心理健康和西班牙是最衛生,最近騎 pifostio評論我的周圍,在一個不起眼的角落Twitter的社會網絡對個人意見,理由是我的政治管理的一個部長來最糟糕的生活(筆記,順便,由於 22日版的字典的評審和第五意義的字,狗屎 - 男性寫的一篇文章的字面意思是沒有人的素質和優點)。正如我所說,那些朋友都感到驚訝,在所有這些長期的暴風雨年從來也不騎象思科,儘管經過認證的XLSemanal負責一些他的頭髮花白,是因為這個頁面有罪,其中除了業務問題與廣告商和權力或多或少的事實,電話和郵件已經瞬間的輝煌,即使在西班牙時代傲慢,meapilas,磚和安薩爾卡尼的朋友,當被告知,鑑於不久前的感情宮議會引起了我的腦海裡,或者當我專用的文章“讓 tutear,蠢人,西班牙教育政策的匈奴和hotra:和機會主義的蠱惑人心的政治種姓我們已經得到了書籍和十七文盲四種不同的語言,不計算可能Fabla阿斯圖里亞斯和阿拉貢。從來沒有這麼多的佩佩運行時,掩飾形成了鮮明的條件,兩個名詞與介詞在半圖庇護十二世,教宗誰拍了照片心愛的神秘與鳥棲息在一根手指,而納粹法西斯被驅逐和被毒氣幾十萬猶太人在他們眼皮底下牧區。給你一遊在羅馬的猶太隔都,例如,它仍然存在。看看斑塊和明白我的意思。

為什麼這些問題的答案和其他案件沒有分散了,而他的部長們,其一般意義上的男性和女性在辦公室裡,我被授予特權念我的名字是在電視新聞可悲的是顯而易見的:互聯網,社交網絡和必要的簡化它的許多信息,其特點是強大的擴散,濫用和易於訪問的膚淺。張貼的任何消息,你可以彈跳百萬次非常快。此外,任何用戶,從科學頭腦清醒到更令人討厭的傻瓜誰可以想像,有手表達他們的意見在互聯網上真實或假姓名,與簡單的給予重點和可選的有罪不罰的匿名性。隨著不確定的結果相同的意見,值得統計的作家Mario Vargas Llosa指出,先生們,老師或科學家格雷戈里奧薩爾瓦多和何塞曼努埃爾桑切斯羅恩學術,比任何tiñalpa化名文盲,並決定看出來網絡。

不過,最主要的原因,在我看來,是膚淺。一個特點是,在互聯網上運行的所有風險的意見的基礎上,隨機讀出句子斷章取義,或一千次退回郵件和變形,扭曲的方式,如何友好,熱情,仇恨,意識形態,簡單愚蠢,他們說對方看完後,這反過來,他們說,有人說。後來那些雜亂的跳躍某些媒體總是渴望的頭條新聞,容易和其雲水磨坊,好了,在這悲傷,怯懦和蠱惑人心的西班牙,那裡的許多 rascatertulias追隨者在支付自己的主人,永遠不會失去的那些誰沒有火車,因為它們運行領先於機車,賺取的工資。因此,網絡無意義的信息,不準確的評價令,如果不是虛假或惡意,只是取代了真實和原始的參數。畢竟是什麼了。讓一個適當的情況下,最近發表了一篇題為本頁公證恐怖。二十四小時在互聯網網站,用戶漸漸繼承生下建議回憶錄書記布爾戈斯,無外乎叛軍在內戰期間的資本。科巴給法西斯壓迫者。直到其他互聯網用戶,誰自己讀過的文章中,我解釋說,店員剛剛離開,並告訴大規模處決的共和黨人在這個城市。 ,叫我佩佩受薪,弗朗哥法西斯和懷舊的讚美這本書,它至少是不準確的。

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domingo, 26 de diciembre de 2010

Web Oficial de Arturo Perez-Reverte

Por si necesitáis consultar algo de este hombre, os dejo el enlace a la web oficial.

Saludos.

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Copiar-Pegar: El mensaka del semáforo.

Un texto de Arturo Pérez Reverte que me acaban de pasar con la siguiente pregunta, ¿y tú qué harías?.

Os remito la misma pregunta.

Saludos desde África.


El mensaka del semáforo
13/12/2010 (ARTURO PÉREZ REVERTE)



La moto está parada en el semáforo de un paso de peatones, con un pavo encima: un mensajero con el rótulo fosforito de su empresa en la espalda. Detengo el coche en su aleta de babor y miro la máquina. Pese a la caja portaequipajes del asiento trasero, me recuerda la hermosa moto italiana que tuve hace treinta y tantos años largos, a esa edad en que te crees invulnerable; cuando eres joven, inconsciente y capaz de salir de viaje nocturno cayendo lluvia a mantas, atravesando a ciegas pantallas de agua pulverizada de camiones por carreteras de doble dirección, y crees que estamparte contra un coche o un árbol, a 160 kilómetros por hora, es algo que sólo puede pasarle a otros, y nunca a ti. El caso, como digo, es que estoy mirando la moto y al usuario con una punzada de nostalgia. Bajo el casco y el barbur, el mensaka parece motero veterano, treintañero largo. Está tranquilo y a lo suyo, abiertas las piernas, las botas militares apoyadas en el suelo, pendiente de que el semáforo pase a verde. Pensando en sus cosas, supongo. En que va retrasado en las entregas, o a quién votar en las municipales. Cualquiera sabe. Y en ese momento, despistado al volante, frenando en el último instante porque no se había fijado en el semáforo, llega el pringao.

No hay golpe fuerte. Sólo el chirrido del frenazo sobre el asfalto. Riiiias. Miro a mi derecha y veo que un coche, deteniéndose casi de milagro en el último momento, golpea ligeramente la moto por atrás. Apenas un toque en el neumático de la rueda trasera. Cloc. Lo justo para que, sin hacerle desperfectos visibles, la moto salga despedida tres o cuatro metros adelante, con el motero pateando a un lado y a otro en desesperado esfuerzo por mantener el equilibrio. Y lo consigue, el tío. Logra estabilizarse un trecho más allá, pasadas las marcas de pintura del paso de peatones, y desde allí se vuelve para comprobar qué diablos ha ocurrido. Entonces ve el coche detenido donde antes se encontraba él, y al conductor que, petrificado, las manos agarrotadas en el volante y expresión estupefacta, lo mira reponiéndose del susto. Acojonado.

Entonces asisto a una escena memorable. Con una sangre fría envidiable, tras quedarse unos instantes mirando hacia atrás como si no diera crédito a lo ocurrido, el mensaka se baja de la moto, la pone sobre la pata de cabra, echa un vistazo comprobando que no hay daños de importancia, y luego se acerca despacio al automóvil, tomándose su tiempo. Es un tipo de aspecto rudo, vigoroso y con aparente buena salud. El casco negro, del que sólo ha levantado la visera, refuerza su aspecto amenazador. Y huelga señalar que, para entonces, los conductores de los tres o cuatro coches que estamos cerca seguimos el asunto con atención no exenta de morbo, haciendo cábalas sobre si el primer guantazo se lo va a dar el mensaka al conductor con la derecha o con la izquierda, o si se limitará a enumerarle a gritos la relación completa de sus muertos más conspicuos y frescos. El del coche debe de andar en cálculos parecidos, pues permanece atrincherado tras el volante, igual de blanco que una hoja de papel marca El Galgo. Y en ésas ocurre la cosa.

Siempre despacio, sin alterarse, el mensaka ha llegado a la altura del conductor y se inclina a mirarlo. Éste es más bien de perfil tiñalpa, con poca chicha. Salta a la vista que no sabe qué hacer ni decir, y que teme le pongan la cara como un mapa de carreteras. Entonces, cuando el motero tiene ya apoyada una mano en el abridor de la puerta, lo veo inclinarse un poco más, mirando hacia el asiento de atrás del vehículo. Sigo la dirección de su mirada y descubro a dos enanos de ocho o diez años, niña y niño, sentados allí, con sus cinturones de seguridad puestos. En ese momento, el mensaka hace una de esas cosas que a veces, hasta en los momentos más negros de la vida, puede reconciliarte con el ser humano. Se queda inmóvil un instante, como pensándoselo, la mano aún puesta en la puerta del coche. Luego se yergue despacio, mira al conductor y le suelta esta frase inmortal: «Un día te vas a matar, gamberro».

Y eso es todo. Después, sin esperar respuesta -el otro sigue sentado, sin arrestos siquiera para balbucir una excusa-, el mensaka se dirige a la moto tan tranquilo como vino, echa un último vistazo para confirmar que no hay desperfectos, sube a ella, la pone en marcha y se va. Yo meto la primera y arranco a mi vez, pues suenan detrás bocinas impacientes de coches, y veo al motero perderse en el tráfico, a la entrada de un túnel. Entonces caigo en la cuenta de que ni siquiera he podido verle la cara. Y pienso que es una lástima. Me gustaría reconocerlo en cualquier calle, con la moto parada. Aparcar cerca, señalar el bar más próximo e invitarlo a una caña.




Web oficial de Arturo Perez-Reverte

domingo, 28 de noviembre de 2010

Copiar-Pegar: Fotografíe Auschwitz, caballero...

Menos mal que tenemos algunas personas que nos recuerdan las cosas sin "diplomacias" previas. Gracias Arturo.


Fotografíe Auschwitz, caballero
23/11/2010 (ARTURO PÉREZ REVERTE)

No sé si está usted al corriente. Quizás, en uno de los doscientos puentes vacacionales que los españoles disfrutamos al año «de la crisis nos va a sacar Rita la Cantaora» decida cambiar Canarias, Roma o Punta Cana por Auschwitz. Que igual le suena, aunque no me sorprendería lo contrario. En cualquier caso, estoy seguro de que ese campo de exterminio, avión y hotel incluido por ciento ochenta euros más IVA, se convertiría en destino de turismo masivo en cuanto la mafia de las agencias turísticas decidiera ponerlo de moda con tarifas y ofertas adecuadas. En cualquier caso, si usted se anima, sepa que tras visitar la cámara de gas, las dos toneladas de pelo rapado y las montañas de maletas y zapatos, podrá comprar en la tienda, justo al lado del sitio por donde entraban esos trenes con judíos que salen en las películas, postales de Auschwitz y de Birkenau para mandar a las amistades «Esto es muy fuerte, deberías verlo. Besos. Manolo.», e incluso bonitos carteles para adornar la pared, en plan póster, por el módico precio de diez zlotys polacos, que son tres euros de nada.

Pero sobre todo, si viaja allí, lo genial es que usted y su familia, o su pareja, o quien puñetas le haga compañía, podrán inflarse a sacar fotos: cientos, miles de fotos con la cámara del teléfono móvil. Ésa que ahora todos disparan con la celeridad del relámpago en cualquier circunstancia, clic, clic, clic. Relámase de gusto: fotos de las alambradas, de los barracones, de las ruinas del crematorio número 2, de la escultura que reproduce con realismo «Parece que estén vivos, Encarni, retrátame con ellos, anda» los cuerpos esqueléticos de tres prisioneros. Fotos de otras fotos que los nazis tomaron y que ahora ilustran las paredes del museo con momentos gloriosos en la historia de Alemania y la raza aria. Fotos de latas de veneno, montones de gafas, prótesis, brochas de afeitar. Fotos de aquí te pillo y aquí te mato, usted mismo sonriendo con una mano puesta en la alambrada, o la ineludible instantánea bajo el arco de la entrada con el rótulo «Arbeit macht frei»: El trabajo libera. Fotos, en fin, fáciles de hacer gracias a la tecnología moderna, listas para ser enviadas en el acto a la familia, a los amigos, a los compañeros de trabajo. O a su señora madre de usted. Fotos hechas con tanta frivolidad y tanto despego como lo que somos cada vez más. Como lo que seremos ya para siempre. Ayer presencié en Madrid un accidente de automóvil.

Cataclás. Nada importante: un leñazo entre dos coches, con mucho ruido, airbags disparándose y toda la parafernalia. Había cerca unas cincuenta personas; y no exagero en absoluto si digo que al menos treinta sacaron sus teléfonos móviles y se pusieron a fotografiar la escena. No sé para qué deseaban registrar aquello, la verdad. Qué utilidad tendría conservar la imagen de dos coches abollados. Pero el caso es que así lo hicieron, clic, clic, clic, y luego siguieron su camino, la mayor parte sin preocuparse de averiguar si algún conductor necesitaba ayuda. Tenían la foto, y punto. Habían cumplido con la exigencia de un ritual tan fácil y barato como el fin de semana en Cancún. Si alguien hubiera preguntado el motivo, lo habrían mirado con desconcierto y sincera sorpresa. Para qué, entonces, tienes una cámara gratis en el móvil, sería la respuesta. ¿Para no usarla? Y así van por la vida, y así vamos. Sin detenernos siquiera. Sin ver el mundo más que a través de un teléfono móvil o una pantalla de televisión. Luego nos preguntan por lo que fotografiamos y se nos pone cara de escuchar una gilipollez. ¿Pues qué va a ser? El motorista que se ha partido el espinazo, la señora desmayada en la calle, el manifestante que rompe escaparates, la mancha de sangre en la acera.

Lo de menos es averiguar las causas y las consecuencias. La foto capturada con nuestro teléfono móvil, el acto mecánico de tomarla, sustituye a todo lo demás. Así podemos pasar por Auschwitz como los rebaños de borregos que somos, sin detenernos ni hacer preguntas, como pasamos frente al Coliseo de Roma, Las Meninas, la plaza de las Torres Gemelas de Nueva York, el tipo al que acaban de dar un navajazo y se desangra en el suelo, el coche despanzurrado en la carretera con cuatro pares de piernas asomando bajo las mantas. Sin mirar apenas, sin indagar siquiera qué ha pasado allí. Sin importarnos un carajo lo que vemos. Clic, clic, clic. Es gratis y no requiere esfuerzo. Luego seguimos adelante, a lo nuestro. Ya lo analizaremos otro día. Y si no, tampoco pasa nada. ¿Víctimas? ¿Verdugos? ¿Cómplices? Para qué meternos en dibujos. Tener la foto es lo que cuenta. Archivarla estérilmente con el resto del mundo y la vida. Un instante de imagen. Luego, nada. El vacío absoluto. La anestesia del olvido.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Copiar-Pegar, Muerte de dos guardia Civiles en Afganistán.

Me han pasado este recorte, y Arturo Pérez Reverte siempre tendrá un hueco para sus líneas, en este lugar de pensamiento.

Como todos los copia-pega, no puedo sino suscribir sus líneas y sentirme honrado de poder compartirlas con vosotros.


Una historia de guerra


Alguien escribió en cierta ocasión que si una historia de guerra parece moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repetí yo mismo. Pero eso no es del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la protagonizan, y de quienes la cuentan. Ésta de hoy es una historia de guerra, y quiero contársela a ustedes tal como algunos amigos míos me han pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle letras, puntos y comas.

Base de Mazar Sharif, Afganistán. Cinco guardias civiles, de comandante a sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la policía afgana. Cinco guardias de veintidós llegados hace cinco meses y medio, desperdigados por una geografía hostil y cruel, en misión de alto riesgo, en una guerra a la que en España ningún Gobierno llamó guerra hasta hace cuatro días. Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente acuchillada, porque lo da el oficio. Sabían desde el principio que a la Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno. Y menos en Afganistán. Si lo que iban a hacer allí fuera fácil, seguro, cómodo o bien pagado, otros habrían ido en vez de ellos. Aun así, lo hicieron lo mejor que podían. Que era mucho. Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses y polacos, vivían con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin romanticismo imperial ninguno. Sólo frío, calor, insolaciones, sueño, enfermedades, soledad. Peligro. Los únicos cinco españoles de la base, de la provincia y de todo el norte de Afganistán.

Ellos y sus compañeros habían llegado a la misión tarde y mal, aunque ésa es otra historia. Que la cuenten quienes deben contarla. Aun así, con la resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se pusieron al tajo. Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta. Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y franceses, sabe de qué van las cosas. Sobre todo con los norteamericanos, que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro. Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender rápido, trabajar más que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para todo. Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar. Y así, a base de orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar Sharif se hicieron respetar.

Un triste día se enteraron de la muerte de sus dos compañeros en Qualinao. De la pérdida de dos guardias civiles de aquellos veintidós que llegaron hace medio año, y de su intérprete. Y pensaron que el mejor homenaje que podían hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base fuese sustituida, aquel día, por la española a media asta. Eso no se hace allí nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses sufrieron numerosas bajas, y también caen holandeses y polacos. Así que el jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al jefe norteamericano. Accedió éste, aunque extrañado por la petición. Saliendo del despacho, el guardia civil se encontró con el jefe del contingente francés, quien dijo que a él y a sus hombres les parecía bien lo de la bandera. En ésas apareció otro norteamericano, el mayor James, que nunca se distinguió por su simpatía ni por su aprecio a los españoles, y con el que más de una vez hubo broncas. Preguntó James si los muertos de Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin más comentarios.

A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera. Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos. Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos. Y también los polacos y los holandeses. Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia. Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera. Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes. Si lo parece, no debemos creerla. Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres. Por eso la he contado hoy.

Arturo Pérez Reverte