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lunes, 30 de julio de 2012

Copiar y pegar: Juan Gómez-Jurado: «La piratería no existe»

Cuando nos dicen ciertas cosas.... Espero que os guste.



Juan Gómez-Jurado: «La piratería no existe»

Soy creador. Escribo novelas, y este –junto al periodismo- es mi único modo de vida. Mis dedos presionan medio millón de veces las teclas de este Mac, y como resultado se produce un archivo de texto que, una vez editado y corregido, se convierte en un libro que se traduce a decenas de idiomas. Mi familia y la hipoteca de mi casa dependen de mis derechos de autor. Según muchos medios de comunicación, y según muchos talibanes del todo gratis, eso me alinearía instantáneamente en las filas de los que defienden ese horror legislativo, falaz e inútil conocido como Ley Sinde, que se va a aprobar contra la voluntad de cientos de miles de ciudadanos.


Eso es mentira, y gorda.
Es una más de las que llevan apareciendo en los medios durante años, especialmente durante los últimos meses. Dicen que los españoles son piratas, que va en nuestra idiosincrasia, esa famosa picaresca tan tópica y desacertada como pintarnos a todos con el traje de luces y la paellera debajo del brazo.
Para empezar, es falso que España sea el país más pirata del mundo. De hecho en software, por ejemplo, ocupamos el puesto 79, según una encuesta de la BSA, y en cuanto al resto, los estudios de la International Intellectual Property Alliance achacan un nivel de “piratería” del 20%. ¿Cómo se conjuga eso con que haya que pagar el canon en el 100% de los casos?



Tampoco es real que la piratería esté matando el cine, cuya recaudación ha crecido a buen ritmo en los últimos diez años, al igual que el resto de contenidos.  También es falso que yo tenga derecho a vivir de mi obra. Lo que tengo derecho es a intentarlo.
Sí, es cierto que las nuevas tecnologías hacen desaparecer el modelo de negocio basado en soportes físicos cerrados, lo cual es normal -también desaparecieron los fabricantes de carretas cuando Karl Benz inventó el automóvil-. No, no es cierto que las páginas de descargas tengan la culpa. ¿Acaso no es patente la incoherencia que existe por parte de la industria entre acusar a las páginas de descargas de “forrarse” y no intentar hacer lo mismo?
No defiendo las páginas de descargas, pues aunque sean legales no es justo que haya quien se aproveche del trabajo ajeno. Pero no son ellas la causa de todos los males, ni mucho menos quienes las usan ladrones y proxenetas, tal y como les llaman algunos -exiliados en Miami por causas fiscales-. Por cierto, para ellos el recordatorio de que para exigir al gobierno habría que empezar por pagar impuestos aquí como hacemos los demás.


El mayor problema que existe en el mercado en español es la ausencia de flexibilidad, de ganas de crecer y de adaptarse. En una palabra, y tal como Amador Fdez-Savater percibió en su cena con la ministra, sobreabundancia de miedo. Miedo a perder el status quo, la cadena alimenticia ante un cambio de paradigma. Y sin embargo tenemos ejemplos a nuestro alrededor de que si damos un paso adelante ocurrirá justo lo contrario.


Miremos a Estados Unidos, donde se han creado tres modelos de negocio impecables y de éxito abrumador. Kindle, iTunes y Netflix. El primero es una librería virtual que vende 775.000 títulos con precios en torno a los 7 euros para las novedades, mucho más baratos e incluso gratis para los libros de fondo de catálogo. Los libros se descargan en 30” con un solo clic en el propio dispositivo, que incluye 3G gratis. El segundo –único que opera en España- es, desde hace diez años, la referencia indiscutible en la música, habiendo vendido más de 10 mil millones de canciones. Y el tercero es un videoclub virtual con tarifa plana por 6 euros al mes. Para muestra de su éxito, baste decir que los mandos a distancia de los televisores que se venden en EEUU llevan desde 2011 un botón para acceder a Netflix de serie.
¿Qué tienen en común estos servicios? Lo más importante de todo es su sencillez. Una vez registrado en el servicio, no hay que hacer nada más. Los cobros se realizan por tarjeta de crédito, con total comodidad. Las descargas son instantáneas, y la calidad está garantizada. Las películas se ven en streaming, y están siempre disponibles. Los libros están editados por casas de primer nivel. La música no lleva protección anti copia, o DRM.


A esto hay asociado un factor precio, muy importante. Conscientes de que en la era digital la competencia es mucho más dura, los norteamericanos han buscado a la perfección el “sweet spot”, ese lugar donde interseccionan las ganas del consumidor de poseer algo rápido cuanto antes sin molestarse en buscarlo por Internet y obtenerlo con mala calidad, y la resistencia a soltar la pasta. En otras palabras, un precio justo. O sea, lo opuesto a lo que plataformas como Libranda –cuyo único objetivo, como señala Juan José Millás, parece ser no vender libros- están haciendo.
De nuevo, el miedo. DRM y precios altos. Que mis distribuidores no se enfaden. Que mi cuenta de resultados no se resienta. Que la gente haga lo que yo digo porque cierro los ojos muy fuerte y lo deseo mucho. Y si los consumidores tienen otras ideas… Que el gobierno proteja mis derechos inalienables, contra viento y marea.


En lugar de crear modelos de negocio funcionales, nos dedicamos a blindar el status quo con leyes absurdas, e insultar a nuestros mejores clientes. Llamarles piratas, sinvergüenzas y ladrones. ¿Quién creen ustedes que invierte 200 euros en un lector de ebooks, alguien que no lee? Al contrario, alguien que gasta tanto al año en libros que sabe que le acabará compensando la inversión. Y si no es capaz de encontrar contenidos interesantes de pago, los conseguirá por otras vías, con lo que de no conquistar a esta persona habremos perdido de un plumazo a un consumidor clave. Lo mismo sucede con los aficionados al cine y a la música, que llevan años haciéndolo así.


El mayor reto que tiene que superar la industria cultural en nuestro país es vencer el miedo y comprender que los piratas no existen. Tan sólo personas que quieren consumir cultura y que por desgracia hoy en día no encuentran alternativas razonables. Y a lo gratis sólo puede ganarle lo sencillo. Desde luego no leyes mordaza, retrógradas, que sirven tan sólo a los intereses de unos pocos.


Por último, una reflexión como creador. Nadie llega a crear nada que merezca la pena sin haberse empapado de los que soñaron antes que él. Alejandro Sanz, en ese barrio obrero de Moratalaz que nos vio nacer a Penélope Cruz, a él y a mí, tuvo que copiarse muchas casetes en su adolescencia, igual que yo me sentaba en un rincón en la FNAC de Callao los sábados por la mañana y leía por la cara decenas de novelas que me han ayudado a ser el escritor que soy.  Vivimos el advenimiento de un cambio de modelo que está dando como resultado la era más luminosa de la humanidad, y ahora mismo hay centenares de adolescentes en nuestras calles que llevan dentro de si el potencial para ser los cantantes, los escritores y directores del mañana. Ellos también están descargando. No paréis nunca de hacerlo, ni de soñar. Y a quienes soñamos primero, os digo: dejad de tener miedo y abrazad el futuro de una vez por todas.

5 propuestas para el crecimiento digital

  1. Creadores, abrid los ojos. Aprendamos nuestros derechos y las opciones disponibles para monetizar nuestro esfuerzo, que no son siempre las tradicionales. Internet es, ante todo, nuestro mayor portal de exposición, y el mayor mercado del mundo. Y aquellos que navegan por él no son ladrones, sino personas como nosotros, tan dignas como nosotros aunque su trabajo brille menos que el nuestro.
  2. Ejecutivos de la industria, estudiad los modelos que funcionan. No infravaloréis a vuestro público. No deis cosas por supuestas. La España de pandereta ya no existe. Vuestra nueva audiencia es el ciudadano digital, y este no tiene el toro encima de la tele, entre otras cosas por que es extraplana, ya no cabe. Buscad economías de escala, mejor vender cien mil copias a un euro que mil copias a diez. Y por encima de todo, no compliquéis las cosas intentando que no copien. Lo harán igual, pero si es difícil lo que no harán será comprar.
  3. Consumidores, tened presente que copiar no es robar, pero también que hay alguien detrás de los productos que nos hacen felices. Hay un escritor detrás de los libros, y todo un elenco detrás de una película. Si es posible y hay una alternativa sencilla a un precio razonable, cómprala. Mientras lo permita tu economía, opta por lo original. Y por favor, no digas que una película o un libro son caros para luego bajar al bar y tomarte tres mojitos a 5 euros cada uno.
  4. Políticos, cread programas para ayudar a los autores a monetizar sus contenidos. Incentivad la creación de modelos de negocio novedosos. Luchad contra el IVA del 18% en las descargas, contra leyes como el precio único. Reformad la ley de la Propiedad Intelectual desde cero. Abolid el canon digital.
  5. Para todos, no insultemos. Intentemos ponernos en el lugar del otro, pues en la actual tesitura todos tienen parte de razón. Y sobre todo, escuchemos, debatamos y reflexionemos. Que no nos cuelen más mentiras y gordas


Juan Gómez-Jurado (Madrid, 1977) es periodista y escritor. Pasó por las redacciones de Canal +, ABC, Cadena SER y la Cadena Cope. El éxito internacional de sus novelas (Espía de Dios, Contrato con Dios y El Emblema del Traidor), traducidas a más de cuarenta idiomas, le han llevado a centrarse en su carrera como narrador. Hollywood prepara ya la adaptación de su segunda novela.

jueves, 3 de febrero de 2011

Copiar-Pegar: Sanchez Dragó, te has columpiado...

Esto lo he descubierto por casualidad. Lo cierto es que una vez más suscribo cada una de sus palabras. Felicidades por el blog.



“Internet, a medio plazo, es el fin de la música, el fin de la literatura, el fin del periodismo, y el fin del cine”


Jódete. Jo-de-te.


Me resulta impactante seguir oyendo cosas así, sobre todo de “intelectuales” de los cuales siempre pensé que morirían por la cultura, y que deberían estar gozosos de una herramienta difusora de la misma como Internet. Cuando escuchas cosas como esta, de gente que siempre has creído que estaba realmente a favor de la cultura, ya uno no sabe ni que pensar. No sabes si lo dicen porque lo piensan, porque tienen que defender sus intereses, o simplemente porque… oh Dios perdónalos que no saben lo que dicen. Me gustaría estar presente en el momento exacto del cambio que sufren irremediablemente estas personas. Un día aman la cultura, y al día siguiente aman el negocio de la cultura. Siempre, no falla. Da igual que sean de progresistas, conservadores, o “anarquistas de derechas” como él.


Lo que más extraño me resulta, es que diga algo como esto y no se oiga un disparo precediendo un silencio incómodo, o por lo menos, que se oiga una risita por el fondo, o un, “este tío es gilipollas, y punto”.


Iba a poner esto antes, pero como era así por la mañana, no sabía muy bien si estaba despierto, o estaba teniendo un mal sueño. He optado por lo más racional, esperar a que subiesen el programa en a la web, y volverlo a escuchar, reposado, relajado, alejado de objetos punzantes y armas de fuego. Esto es como las películas buenas, que cuando las ves la segunda vez, coges detalles que no habías podido saborear a la primera. Como un buen capítulo de los Simpons, que cuando lo ves por novena vez, pillas ese chistazo que te perdiste las otras ocho veces. Es humor puro y duro.



“Eso es sacrosanto, el derecho de propiedad intelectual, es como el derecho de propiedad de un inmueble o lo que sea… Y quien vulnera ese derecho, simplemente esta robando”



“Y al cine, nadie va ya nadie va al cine, han desaparecido los cines”



“Y al no pagar por eso, los profesionales tendrán que dedicarse a otra cosa”



“La publicidad es un camelo, nadie ve la publicidad en Internet, quienes se gastan el dinero en publicidad, se darán cuente de que están tirando el dinero” “A mi, la publicidad, me parece un fraude”




“La prensa escrita esta desapareciendo”


Toma, toma y toma. Y toma. Dice una, y vienen todas seguidas, que virtuosismo, y sin despeinarse.


“Internet es una selva, es un proceloso océano, en el cual es absolutamente imposible controlarlo, así que me imagino yo, diga lo que diga, piense lo que piense, o hagan lo que hagan, todo el mundo va a seguir bajándose cosas de Internet”


Hablarás muy bien, escribirás mejor, pero… madre mía. No hay que controlar nada. Y sí, o nos atáis de pies y manos, o seguiremos compartiendo, o llamémoslo de otra manera, difundiendo.


A ver cuando hemos tenido tanto acceso a todo tipo de cultura, y no solo eso, tanta facilidad para compartir nuestras creaciones con los demás. Sea para hacer negocio, o por el simple hecho de crear cosas y compartirlas. Así que puedes decir que Internet acabará con el negocio del pasado con el que mucha gente saca tajada sin hacer apenas nada, con el que la cultura se utilizaba casi únicamente como negocio, y no como lo que es, cultura, pero no me digas que Internet acabará con la cultura. Hay cosas que sí, y cosas que no, y esta es una de esas cosas, que ni de coña.


En mi opinión, servirá para democratizar la cultura, y dar mayor facilidad tanto a consumidores como a creadores. Sobre todo a los creadores, que podrán pasar por encima de ese obstáculo en forma de discográficas y editoriales regidas por el negocio y los intereses capitales, y ahí parece que esta el problema, que molesta este cambio. De una forma u otra, se pone en contacto casi directo al creador con el consumidor. Se que suena ideal, pero en parte, es así, o por lo menos, habría que luchar para que así sea.


Por gente como usted, hubiesen prohibido la radio porque acabaría con los libros y los periódicos, la tele porque acabaría con la radio. Prohibamos Internet, controlemos Internet. Tendríamos que haber matado a Gutenberg antes de que inventase ese odioso aparato, que mandó al paro a trovadores y pregoneros.


A ver quien ha hecho más por la cultura que Internet.



“Internet a medio plazo, puede ser el fin de los que se aprovechan de la cultura” Sí, esta es mía…


Aunque tampoco se de que me extraño, habiendo dicho cosas como:


“No soy demócrata, soy aristócrata: gobierno de los mejores. El sufragio no debe ser universal. Mi voto no vale lo mismo que el de quienes ven los programas de telebasura. Deben votar sólo los ciudadanos, no los súbditos. Pero allá ellos. ¡Libertad, fraternidad, desigualdad!



“…En cuanto a la inmigración, cerrojazo, o pereceremos como pereció Roma. Sobran la mitad de los que han entrado” Extraído de escolar.net


Aquí podéis escuchar el extracto de “la entrevista”, es en el programa “Te doy mi palabra” de Ondacero.




Y Aquí podéis escuchar el programa entero, en el minuto 150 es donde empieza el extracto de arriba.






Enlace original en Perdido en el desierto