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domingo, 1 de abril de 2012

Algunas pelis y pico....

LOS LOBOS NUNCA LLORAN. 1983



Aquí os dejo un artículo recogido de la web Terra.org


Esta película siempre me ha impactado y no pierda fuerza ni siquiera 30 años después.

Y como siempre digo ¿y tú qué opinas?.


Los lobos no lloran

Una experiencia en el solitario Ártico

El libro Los lobos no lloran (Never Cry Wolf, 1963) del novelista canadiense Farley Mowat es la excusa para este film intimista en el cual la que naturaleza del Ártico se convierte en un poema mística donde la vida de una manada de lobo ártico (Canis lupus articus) y el biológo Tyler que la estudia centran el interés del que fue el primer film comercial del director Carroll Ballard en un proyecto apadrinado por la factoría Disney.

Sin duda, uno no puede saber a veces porque el destino nos la juega. Este es el caso de Tyler un experto biólogo que mandan a una expedición a los desolados parajes del distrito de Keewatin en el Norte de Canadá para investigar las extrañas muertes de renos que se están produciendo en la zona y que se sospecha es por causa de los ataques del lobo. Por tanto, se le envía a observar y a capturar un lobo que demuestre que es culpable. Así que le preparan la expedición y con un montón de cajas lo plantan en los confines de la civilización antes que se pierda definitivamente en las montañas. El problema es que ni todo su equipaje cabe en el avión que debe llevarlo ni lo dejan donde supuestamente debería. Así que la aventura está servida. Perdido en la grandiosidad del Ártico descubrirá que sobrevivir exige razonar y decidir sin la presión del miedo amén de la amistad con los que se cruzan en nuestro camino. Como reconoce Tyler superados los primeros sustos “si me queda algún temor es el propio reconocimiento de mi insignificancia”. El film busca deleitarnos con los grandes planos para que notemos que lo humano todavía queda más minúsculo frente a estos espacios de blancura infinita.

Pero, la primavera y el verano también darán tregua a la montaña helada y la vida renacerá en los verdes pastos. Tyler, puede entonces empezar a buscar el objeto de su estudio, el lobo ártico. Ni que decir que será el animal quien lo encuentre y con el que deberá definir su propio territorio. Para ello debe tomarse 27 tazas de te para que durante 6 horas para orinar sin parar alrededor de su tienda de campaña o territorio para que el lobo le acepte, cosa que el cánido acepta orinando sobre las suyas recorriendo el perímetro pactado en 2 minutos. De este modo el biólogo empieza a adentrarse en el comportamiento de la pareja de lobos que bautiza como Angeline y George y que poco a poco irán permitiéndole descubrir aspectos de la vida de la especie. Para estar seguro de las hipótesis de sus observaciones, Tyler intentará poner en propia carne algunas de las mismas. Así cuando descubre que el lobo se alimenta todo el día de topillos este empieza también a comer a estos minúsculos roedores para comprobar si es posible sobrevivir a base de los mismos. Esta comida es tan abundante que les calcula una población de casi 10.000 ejemplares por hectárea.

A mitad del verano y cuando ya han nacido los cachorros de su pareja de lobos le visita el inuit Ostek con su hijo que le ayudarán en sus pesquisas sobre la biología del lobo. Así descubrirá que los lobos no son los responsables de la muerte de los caribús sino una enfermedad que no sería tan letal si hubiera más lobos para diezmar a los ejemplares débiles y apestados. En este momento, y en medio de la tundra, entre renos y lobos, Tyler se lanza desnudo junto a los ellos a la cacería como un poseído. Luego reconoce que a veces hay que “experimentar el asombro y decir gracias a la cara del universo”.

Pero su estudio del lobo no ha hecho más que abrir el camino para que otros vayan detrás de él ya no por conocer a un príncipe del ártico sino por desposeerle de la piel que en el mercado se cotiza a 350 dólares. Al final, tan excelsos y virginales parajes se apuntan también como potenciales víctimas de la fiebre de la especulación. Rossi, el aviador que lo había llevado al principio de su expedición unos meses atrás ha conocido la avaricia y ha sacado pingüe ventaja de sus conocimientos sobre el Ártico. Su pareja de lobos será la primera en caer aunque los cachorros huérfanos serán rápidamente rescatados por la manada, porque entre los lobos no hay huérfanos. Tyler ha vivido una experiencia única de soledad, de introspección, de aventura y de amistad, una historia donde “no hay malvados ni héroes sino sólo silencios. Al mirar al lobo con ojos de hombre, reconoce, señalé el camino a los que vinieron”.

Esta película combina la singularidad de un científico que sabe observar con humildad pero a la vez sabe mezclarse en el paisaje que le rodea como uno más y de esta forma cautivar al espectador. El humor está presente de forma sutil pero expresiva para que contraste luego con la blancura omnipresente. Y al final, este biólogo, que protagoniza casi en solitario toda la historia junto con los lobos, se mete en el alma del espectador como el lobo que se apoderó del espíritu del indígena inuit y de la suya propia. En esta vida, sentencia la película, al final lo importante es “vivir para ver el gran amanecer de cada día” como canta una vieja canción inuit.

En contra de esta pequeña obra maestra de Los lobos no lloran uno sólo se tiene que lamentar que a pesar de estar detrás la poderosa Walt Disney Pictures no la haya editado para su uso doméstico nunca en España. Disney ha publicado en vídeo y DVD verdaderos bodrios de películas para niños en España y uno no entiende como no lo hace con la película de un cineasta de prestigio como es Carroll Ballard conocido por películas como Volando Libre (1996) o Duma (2005). No tiene justificación alguna, pues además, Never Cry Wolf apareció remasterizada en el 2004 para el mercado americano en formato NSTC de DVD y contiene incluso el doblaje en español, aunque no en alta calidad de sonido. Quizás ya es hora que esta película pueda formar parte de nuestras videotecas familiares. En televisión la han programado sólo alguna vez. En 1986 la Editorial Debate hizo una edición (agotada y no reeditada) del libro de Farley Mowat en la que se inspiró la película. En fin, sólo si uno dispone de un DVD reproductor multiregional puede adquirir esta película que, aunque los lustros pasen, sigue siendo un buen ejemplo de cine familiar inteligente, sensible y educativo. En Canadá, el libro de Farley Mowat es de lectura recomendada en las escuelas. Aquí aún sin lobos árticos, el relato contiene suficientes elementos para considerar su valor pedagógico.


Curiosidades...
Farley Mowat es un escritor canadiense nacido en Belleville (Ontario, Canadá) en 1921. Su historia personal está marcada por sus viajes, especialmente los realizados en el Ártico durante desde que estudiaba biología en la Universidad de Toronto. Fruto de estas experiencias escribió El pueblo de los renos (People of the Deer 1952) que era una implacable denuncia del maltrato hacia los indígenas inuit por parte del gobierno. A partir de este momento, su vida estará marcada por los viajes a las zonas árticas e incluso Siberia y escribir libros de relatos basados en las mismas y, especialmente, literatura juvenil. En este sentido se le considera un autor heterodoxo pues sus obras son una mezcla de vivencias, de realidad y de ficción. Sin embargo, como el mismo reconoce, a veces es difícil distinguir entre la “realidad” y la “verdad” que es una característica concurrente en sus obras. Su objetivo al escribir, tal como reconoce, es educar y contribuir a una sociedad mejor sin perder el buen humor que es precisamente lo que caracteriza su obra. Tiene un estilo de narración claro y sincero que le ha valido el reconocido prestigio de ser uno de los escritores canadienses más leídos en su patria, aunque sus obras también han sido editadas en más de 40 países y 20 lenguas. Durante la administración Reagan se le prohibió viajar a los EUA por sus agudas críticas, su antiautoritarismo y su conciencia medioambiental. Sin embargo, en Canadá se le considera un héroe y le han distinguido su contribución con numerosos premios y reconocimientos oficiales. Su novela Los lobos no lloran publicada en 1963 sirvió a Ballard para convertirla en esta película.