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martes, 20 de agosto de 2013

Visitando ese recoveco....

¿Qué fue lo qué me dejaste?. En alguna medida, podría disfrutar de ese pequeño instante de derrota. Allí, de pie observando como había una retirada general del frente, a pesar, de mis iniciativas, de mis ataques por los flancos, de mis exploradores, que me habían comentado los puntos más débiles el contrincante.

A veces, puedes sentir como, con una sola frase, todo tu mundo se desbarata, rápido, certero, llega el "puñal" al corazón, todos tus impulsos desaparacen, las ganas de luchar amortiguan la caída, pero... ¿a quién quieres engañar?.... pudiste verlo en sus ojos.


¿Ha sido todo en vano?.....


... sólo los flacos de espíritu podrían comentarlo de esa manera. Sólo si has saboreado victorias, harías ese ínfimo favor a tus ánimos.


Dicen que los golpes crean callo, que endurecen el espíritu, que seguramente como decía Nietzche, "Lo que no te mata te hace más fuerte".


Acabando.....


No hay nada como saborear una derrota en una batalla. Te apresura a acercarte más a tu yo más vulnerable. Lo tantea, lo mantiene en forma. Descubre huecos, y revisa los cimientos. Incluso el mejor de los edificios necesita un buen mantenimiento. ¿no?.......