Buscar este blog

jueves, 1 de abril de 2010

Cuando el interior no quiere comunicarse

Yo díría que a todos nos pasa en mayor o menor medida. No querer explicarnos. Qué los que nos rodean nos hagan sentir, valga la redundancia, que entienden como nos sentimos.

Qué difícil, por no decir imposible es obtener esa combinación de sonidos "Sé como te sientes".

Sería lógico que si alguien ha pasado por lo que tú, empatice contigo, porque claro, te dirá "yo he pasado por lo mismo".

Podría parecer, casi, pecaminoso, esperar, codiciar que una persona, deje de lado sus experiencias, y simplemente mirando, escuchando, canalizando tu situación a su interior, y enfoncando lo que sabe de ti, pudiera decirte "No me extraña que te sientas así".

He venido discutiendo estos términos, estas cuestiones desde tiempos inmemoriables. Esta necesidad, esta cruel forma de sentir el cariño de los demás, está imposible disociación entre amor y entendimiento.

Desconozco que realidad, en mi infancia, motivó estas imposibles combinaciones, amor-comprensión, cariño-entendimiento, respeto-empatía, recibir-dar

Cuando uno, en uno de "esos" días, se revela, la paciencia cae a bajo mínimos, se muestra quisquilloso, todo el personal se sorprende, se disparan las alarmas, lógicamente, ellos te aprecian, y quieren ayudarte, lejos de preguntarte qué necesitas, ya te dan la solución, "quítate ya de sentirte así", o se proponen situaciones como "Tranquilo, ya se te pasará, y me comentas si necesitas algo".

Me supongo que he de entender que para todo hay que pagar un precio. El estar siempre disponible, el poner siempre la otra mejilla, el no exigir ciertos cambios, porque en el fondo "comprendes", hace que cuando un día, o varios, te has rendido, algo ha pasado que has tocado fondo, no sabes por qué y si lo sabes no es importante, y no lo es porque no lo sea, sino porque ya se repite, como un karma que te ha tocado, ha sucedido en tantas ocasiones, que qué importa una más, pues lo siento chico, "tú eres el duro, a ti no hay que cuidarte", porque claro, ese es el papel que he cogido en mis relaciones con las personas, yo el duro, la roca, el que resiste, el que aguanta, el comprensivo,...., entonces, la otra parte se queda con el otro papel. Tantas veces hemos visto la película, que es imposible, que un día, se tornen los papeles, "¿hacer yo ahora de duro?, no, no, no, ¿aguantar el tipo?, no no no, lo siento, llama al extra a ver si viene...."

¿qué ha pasado en tantas ocasiones?

Una vez más, una persona no tiene cuidado de vigilar los detalles, porque da por hecho que no es necesario, en el momento de actuar, sus propios problemas la embargan y claro, no se enciende ninguna luz roja, ¿para qué?, no existe, nadie le ha enseñado que aunque uno sea una persona fuerte, no significa que no le duelan que no le entristezcan los malos modos, malos por las consecuencias, por mucho que nazcan de situaciones truculentas, y a mi entender perfectamente comprensibles, ahí y sólo ahí radica la cuestión.

No sólo no padezco si no que hasta comprendo. Claro, este ciclo vicioso, cuando estás con las pilas cargadas, que es casi siempre, no te pasa, realmente factura. El Misionero en acción.

Pero, antes o después, siempre hay un día que esa energía no es la adecuada, pasa poco, tan poco, que ni te acuerdas de exigirlo, como para entrenar a las personas, cosa que al final parece más que necesario. Algo así como un simulacro, se mejoran reacciones, tiempos de respuesta, etc.

Me gustaría decir, que esto es lo peor de la situación. La no consideración de que lo malo tambien me daña, como a los demás. Tal vez no me hunda, tal vez, no me afecte a mi autoestima, tal vez no me dañe a mi mismo, pero me entristece, me arrebata esa tranquilidad que tanto adoramos, pierdo las ganas de tratar con las personas más allegadas.

¿Por qué?, porque a ellas les exijo en ese momento, lo que nunca me he puesto a exigir. Que me cuiden, que me muestren, esas combinaciones de las que hablaba en un principio.

Ahí es donde la tristeza ya lo inunda todo, y comienza la parte más dura. Porque aun comentando que estoy triste, que algo daña mi estado de ánimo, los allegados, los cercanos, no conocen, o no saben como lograr, las tan comentadas, combinaciones, y yo que tengo la paciencia bajo mínimos me muestro arisco, la verdad es que no me entusiasma la idea de dar una charla de como llegar a mi mente. Sé que debería hacerlo, pero si tengo que explicarlo, después de haber hablado de como pienso tantas veces, de como actúo en tantas y tantas situaciones, me sentiría igual de triste o peor, porque al estar en este lado de la exigencia, no me explicaría con calma, con paciencia, y lógicamente, quien va a poder entenderme.

Curioso bucle. Lo más curioso de todo, es que hace dos semanas allané el camino de una amiga, charlando sobre muchas de estas ideas. Ay, misionero, qué buen comunicador cuando el problema no es tuyo, como sabes descomponer la realidad en tantas partes que todos entienden cada una des sus porciones, salvo, claro está cuando, el problema lo tienes tú, la tristeza la llevas tú, la falta de paciencia la tienes tú, te rindes y no has comenzado, curioso, curioso.

Viendo como actúan los demás, lo primero sería despejar el camino mostrándome menos comprensivo con los otros seres humanos, con sus problemas pero sobre todo con su dejadez al cuidar de este, que conversa aquí.

Debería ser mucho menos permisivo, si va a ver un día en que no lo seré, y ese día se convierte en varios, ahí debería estar el listón.

Estoy seguro que muchas de las personas que presumode tener como cercanas, no darían el tipo, y claro, llegado el día clave, ese, el día en que si necesito que me cuiden, por lo menos, a alguno de ellos, no podría exigirle nada, ya no estaría.

Porque admitámoslo, si estás siempre ahí, para qué cuidarte, total no vas a irte a ningún lado. Tú lo aguantas todo, porque como eres tan comprensivo. Pues, la verdad, me imagino, que va siendo hora de cerrar el kiosko, una vez más.

Todo eso me pone triste, realmente triste, por saber que no estoy bien rodeado, y ha sido culpa mía no mostrar menos condescendencia con las faltas, debería hacer como hacen los seres humanos más mundanos. "Hasta que no me pidas perdón no cuentes conmigo", debería empezar a practicar, pasaré de triste a sentirme estúpido, pero considero que es menos lesiva una sensación que la otra.

Poner límites a las personas. Qué dura realidad, por lo estúpido que es, las personas nos damos cuenta cuando hemos hecho algo negativo para otra, pero parece ser que no, porque a mi no hacen más que marcarme a sangre y hierro cuando daño sus "interiores", cáspita, bien me entero, porque las consecuencias allí rápidamente son reflejadas, ya sean gritos, cortes de manga, lágrimas, malas miradas, cambios de humor, retirada de la palabra, colgar el teléfono, pedirte que te vayas, insultos, en definiva, toda una jerga que parece ser que tendré que empezar a plantearme, porque hazmitámoslo, estoy fuera del gremio, si quiero estar dentro, he de emplear su idioma, sus sistemas de comunicación.

Y pensar que eso sea necesario, para que mis allegados me cuiden, me protejan cuando me siento vulnerable, me arropen, pues la verdad, ¿merece la pena?.

Pues hoy, ayer, antes de ayer, me siento vulnerable, y sobre todo a los más fuertes, nos molesta enormemente, sentirnos así, nos debilita, en nuestra creencia de que podemos con todo, que superamos todo. Soy fuerte, lo sé, no me avergüenza, ni me hace sentirme menos, por asumir la sensación de vulnerabilidad. Pero cuando observo, lo fácil que sería para mis allegados cuidarme en estos momentos, y que en cambio, se frustran por no llegar a mi mente, se molestan porque mi tristeza perdura, o porque en mi estado, mi paciencia agota las posibilidades de que no critique su comportamiento, y no es, claro está, una crítica constructiva, y mal acostumbrados que están a que de ti, eso no parece lógico, aun te dan más motivos para que la tristeza se agarre a ti como una lapa. Otros optan por la distancia, el mejor remedio para no tomar partido, ni te quito ni te doy, así, lógicamente no habrá enfrentamiento alguno, que en parte, yo lo agradezco, si no sabes que hacer, es mejor no hacer nada, pero ya digo, en parte, porque señores, si una persona está triste, por favor, sólo hace falta acompañarla, y si se pone dramatica en exceso, o incluso, que parece que disfruta estando triste, limitémosnos a acompañarla, "ya se te pasará, si, pero no lo pasarás sola".

Y que conste, yo creo en que muchas cosas hay que pasarlas solo. Cierto. Pero, claro, con ayudas como ésta, no me extraña que las personas ya hayan asumido que tienen más que perder si están acompañadas, y claro, por lo menos así, no pierden más de lo que ya han perdido.

Mi madre, siempre me dijo "si te pones a exigir, te quedarás sólo, nadie dará nunca la talla, has de aceptar a tus amigos como son".

Gracias, madre, cierto, pero he seguido tu consejo toda mi vida, y aun sigo frustrado por comprobar, que aceptar, comprender, entender, empatizar con mis amigos, allegados, está provocando que se confunda con que yo he de comer, tragar, asumir, y al final descender a mi propia soledad.

Mal asunto, ésto de escribir por las noches. EStoy seguro que mañana lo veré todo de otra forma, pero, ahora queda reflejado como me siento a las 5 de la mañana, tengo todo el derecho del mundo, a que si el amanecer cambia mis sensaciones, pues bienvenidas sean.

5 comentarios:

Clo dijo...

Creo que sobran las palabras, tú lo has dicho todo. Me quedo con lo que transmites, que no es poco.
Cada vez me alegro más de haber recibido aquella llamada de teléfono en noviembre de 2008.

Un beso enorme querido Misionero.

Fallen Angel dijo...

Ser la persona fuerte, aquel amigo que siempre está ahí sin importa viento o marea, no significa que los demás entiendan que adentro tuyo también hay tristeza o sensaciones negativas que perduran.
Alguien una vez me dijo algo como, "para ti no es tan duro, tú eres fuerte" y puede que al no abrirme tan seguidamente ante los otros los haga pensar eso, pero aún así, todos tenemos un pedazo que siempre se siente latente, herido, un pedazo muy adentro que busca aquella otra persona fuerte que lo proteja. De pronto un día sientes que la has encontrado y piensas que al ser tu amigo, puedes abrirte, mostrarle aquello que cuidas con furia, que nunca muestras. Solo para ser lastimado por la indiferencia, solo para darte cuenta que ahora desnudo ante otro, no vale la pena pensar que algún día podrás encontrar aquel otro que se parece más a ti que los demás... aquel que comparte tu tristeza..

mina dijo...

Es una de las preguntas que más me hago en estos últimos 8 años.

Quién y por qué ha decidido que por tener una energía más evasiva, debe no enterarse de lo que le pasa al otro.


No es empatía lo que falla, yo creo que es más bien falta de consideración.
No es que sean ciegos, es que no quieren ver que es distinto.
Porque vamos a ver, si yo veo a alguien de mi entorno, de los que me importan, triste o distinto, le sugiero hablar o lo acompaño simplemente.
Esto no quiere decir que yo sea una bruja empática que todo lo intuyo, no, yo creo que al menos la mayoría de las veces el centro del mundo no es mi ombligo y puedo mirar más allá. ¿Por qué eso no les pasa a otros?

Es la frase que digo siempre misionero, "es un virus que anda", que últimamente mina a todo dios de egoísmo o de no querer ver que me tiene un tanto enfadada.

Me niego a creer que nadie de tu círculo ha notado algo distinto en tí en estos días, a pesar de que el fuerte de la película seas tú y los hayas malacostumbrado. Porque si es así, prefiero dejarlo pasar y pensar que son malas épocas para los humanos. Y que es que está todo el mundo mal pensando en sus cosas.

Da rabia, da mucha soledad el sentirte incomprendido y no entendido en esos días raros cuando casi todo sale al revés. En los que pareces un marciano porque tú vas por la izquierda y los demás a la derecha, aún conociéndote.
Da mucha impotencia estar y sentir que estás realmente solo aunque el otro sepa de tus pesares y ciclos malos.
Te dan ganas de sacudirles y decirles oye, yo también estoy ahí, no eres tú solo el que tiene problemas, eh, que yo he estado ahí cuando tienes el bajón. Pero parecería de patio de colegio.

Sé como te sientes,
yo he tenido la certeza de sentirlo en mis carnes, y a veces hasta con personas de mi misma sangre que lo ven y no quieren sentir, o miran para otro lado.

Pero no te apures, ten paciencia, a veces van apareciendo personas en la vida, personas realmente valiosas que si que van sintiendo esos cambios de color de tu alma.
No tienen porque ser empáticas, pueden ser simplemente observadoras y te demostrarán con preguntas de cómo vas? que están ahí y te acompañan en los ratos malos de tu corazón y mente.

Algunas serán débiles, otras fuertes como tú, pero seguro que aparecerán.

Menos mal que no somos todos iguales. Al menos yo me siento orgullosa de notar esos cambios de color en las personas desde que era una cría.

Solo que intento evitarlo más ahora que nunca, pues me doy cuenta de lo egoísta que puede ser una persona al saber que tiene a otra que se interesa por él. Eso es mucho poder en manos de alguien egocéntrico, por mucho que se le quiera. Es casi un don, que puede ser también una condena, en estos tiempos y en este mundo.

A lo mejor digo yo también tonterías ahora a las cinco de la mañana, curiosa hora.

Pero al menos me ha salido del alma, al menos creo que puedes notar que yo si que noté un cambio de color en ti, hoy.

Yo no estoy de acuerdo con tu madre, yo creo que si, que uno tiene derecho a exigir, por lo menos de vez en cuando, y sobretodo si uno es noble de corazón.



(mina)

Misionero dijo...

Clo, Fallen, Mina, muchas gracias por vuestras palabras. Las valoro enormemente.

Comentar, con respecto al período gris, que ya ha pasado.

Cierto, como comentas Mina, a veces todo se reduce a releer "ensayo sobre la ceguera" para comprender en que podemos convertirnos, llegado el caso.

De nuevo, una vez más, gracias por vuestras palabras.

Un saludo desde áfrica.

Anónimo dijo...

no he leido el libro, pero si vi la pelicula, que me imagino estará a años luz de su obra pero me dió escalofríos.

buen aporte misionero, pasaré a leerla.

Mina.

(odio las cuentas google)