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martes, 3 de noviembre de 2009

Copiar y Pegar - Crítica de After

Me ha parecido tan interesante que he preferido tambien pegarla. Cuidado a los que no hayais visto After, puede que os de muchas pistas...



Álvaro Vega Rico

¿Qué habría pasado si los pipiolos de Historias del Kronen hubieran tenido 40 años? Pues lo que habría pasado es After, una variante mucho más interesante que aquella sobrevalorada película de los 90 y la cuarta película de Alberto Rodríguez, de quien precisamente hablaba hace unos días recordando su primer cortometraje.

After es, según un extracto de su sinopsis, "una huida a la adolescencia como única posibilidad para librarse de los fantasmas. Es la última parada, el último bar abierto. Es el final del trayecto." Trayecto que recorren tres amigos de la infancia (Manuel, Ana y Julio) cuando vuelven a reencotrarse una noche de verano después de mucho tiempo sin verse, y cuyos intérpretes son lo primero a destacar en esta crítica.

Impresionantes Tristán Ulloa, Guillermo Toledo y Blanca Romero a partes iguales en uno de esos curros de interpretación de los muy complicados en los que lo más fácil es cagarla. Dar el gran nivel que dan durante todo el metraje haciendo de borrachos, de puestos, de muy puestos, pero sobre todo de personas "normales" con la careta del día a día puesta en este plano y de lo que lamentable hay detrás de ella en el siguiente, tiene un mérito tremendo.

Todos ellos, por diferentes circunstancias, son personajes dominados por su propia inestabilidad e inseguridad, que oscilan entre las emociones extremas que provoca aparentar ser algo públicamente, cuando a solas lo único que queda es la lamentable existencia de quien no ha sabido encontrar su camino ni vivir su vida. Un infelizmente hombre casado con arranques de violencia, un carismático y sociable ejecutivo por las mañanas que se vuelve un solitario pajillero por las noches o una chica de gran personalidad pero alergia al compromiso a pesar de sentirse la persona más sola del mundo. Es por eso que la noche de autos, y vuelvo a la sinopsis, estos tres pobres diablos realizan esa "huida a la adolescencia como única posibilidad para librarse de los fantasmas".

Pero los fantasmas no se marchan en una noche de ponerse hasta el culo de todo, gastarse toda la pasta en drogas y alcohol, buscar sexo, meterse en peleas, bañarse desnudo o volver a por más droga cuando lo único que tienes para ofrecer es tu móvil, tu reloj o tu camisa... o lo que es lo mismo, tu dignidad.

En definitiva, nuestros protagonistas son perdedores crónicos cuyas vidas son tan miserables que acaban violentando al espectador.

Y eso lo consigue la película gracias como decía antes -y como reconoce su director- al buen hacer de los intérpretes, aunque tampoco dejemos que Alberto Rodríguez sea tan humilde. Los actores sólo pueden estar tan bien cuando han tenido un buen material con el que trabajar, y el guión que escribió junto Rafael Cobos sin duda lo era. Más allá de lo buena o mala que sea la idea -yo la encuentro ciertamente interesante- After cumple su objetivo. Nada de diálogos de esos que chirrían nada más oírlos. Todo creíble a pesar de tanto exceso. Las secuencias que tienen que violentar, violentan. Las que tienen que divertir, divierten.

Me queda la duda de la estructura elegida de contar las tres historias como si de tres cortometrajes con principio, desarrollo y final propio se trataran, para ir dando los diferentes puntos de vista de cada personaje, y cada uno rellenando los huecos que deja el otro. Una elección narrativa diferente y arriesgada en cualquier caso que no resiente demasiado el espíritu de la película.

Lo que ocurre es que llegados a este punto, me da por pensar que, visto desde fuera, After podría encontrarse con la dificultad de no presentar demasiado atractivo a priori para el público en general, o que podría confundir a los espectadores que esperan de ella una Mentiras y Gorda en plan pureta. Pues bien, de eso nada: aquí hay peli.






Crítica Original de Álvaro Vega Rico



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